Una fuerza de 500 esclavos —entre arquitectos y maestros de obras— puso a sus órdenes el magnate y senador romano Marco Licinio Craso en el siglo I a.C. Fue esta la primera brigada de bomberos dedicada a sofocar el fuego en la antigua Roma, retrata www.quo.es. Marco Licinio Craso fue cónsul en el año 30 a. C., junto con Octaviano, el futuro emperador romano Augusto, durante los primeros seis meses de ese año. Fue un general romano que luchó primero bajo las órdenes de Sexto Pompeyo por sus exitosas campañas en Macedonia y Tracia entre los años 29 a.C. y 27 a. C.
Si bien fue un militar reconocido, también se hizo famoso por crear la primera brigada de bomberos. Según el historiador Plutarco, Craso se hizo muy rico porque tenía el monopolio de este peculiar sector: Roma era una urbe en que cientos de miles de personas vivían entre lámparas de aceite y montones de paja, tenderetes y vigas de madera.
Se ha dicho que los mismos empleados de de Craso provocaban los incendios, algo muy probable, aunque no se probó. Sus cuadrillas llegaban muy rápido hasta el incendio, pero no lo empezaban a sofocar hasta que no habían negociado el precio por su servicio.
Muchas veces, la negociación giraba en torno a la venta de las ruinas que quedaban tras el incendio. Según Plutarco, Craso se hizo con gran parte de los solares de Roma con esta estrategia, pues compraba los edificios en llamas y los colindantes.
Este negocio terminó el siglo siguiente, cuando nació el cuerpo de vigiles romano, formado por operarios que transportaban el agua en cadenas humanas hacia el incendio con bombas de mano y por personal que apuntalaba los techos de los edificios.






