Uno de los enigmas que más han desconcertado a estudiosos del mundo son las Líneas de Nazca, Patrimonio de la Humanidad. La labor de conservación realizada por la alemana María Reiche, que llegó a Perú para cuidar niños y entregó su vida al cuidado de los restos arqueológicos. María Reiche nació en Dresden, Alemania, el 15 de mayo de 1903. Estudió Matemáticas, Física y Geografía en la Universidad Técnica de Dresde y Hamburgo. Después de finalizar sus estudios, aceptó ser tutora privada de los hijos del cónsul de Alemania en Cuzco, según reseña radionacional.com.pe.
Fue tutora durante un año y se fue a Lima. Allí restauró textiles precolombinos en el Museo Nacional de Perú y tradujo textos para Julio C. Tello y Paul Kosok, que encendieron su interés por la arqueología. Viajó por primera vez a Nazca en 1941, invitada como asistente de trabajo de Kosok.
Durante años estudió con Kosok la pampa de Nazca. Cuando en 1949 Kosok abandonó Perú, Reiche continuó trabajando: barría este espacio para descubrir sus secretos. Al barrer, retiraba la gravilla oscura que con los siglos había rellenado los geoglifos. No solo los protegía de la intemperie, sino de viajeros que llegaban y amenzaban su preservación.
Gracias a su trabajo el Gobierno del Perú restringió el acceso a la zona y se levantó una torre para facilitar la visión de las líneas sin invadirlas: 70 figuras de gran dimensión y más de 10.000 líneas que, en su mayoría, se ubican en las llanuras de Jumana y San José.
Reiche plasmó su investigación en Misterio en el desierto. Un estudio de las figuras antiguas y la extraña superficie delineada, en 1968. María falleció en Lima el 8 de junio de 1998. Un mes antes, la Unesco la había condecorado con la medalla Machu Picchu.






