Es un territorio poblado por animales como loros, tucanes, búhos, cisnes, elefantes, sapos y pelícanos. En ese paisaje también aparecen querubines, aunque no es el jardín del Edén, es un espacio que da vida al cemento transformándolo en esculturas y fuentes ornamentales. Es el taller de Julián Rodríguez, ubicado a metros del puente Amor de Dios, en la zona Sur de La Paz.
“Comencé a los 15 años y ya llevo unos 40 años trabajando en esto. Realizamos artesanías y esculturas en cemento, además de columnas y balaustres para las terrazas”, precisa el cochabambino, quien radica en La Paz desde hace décadas y comenzó sus primeros pasos en un taller en la ciudad de El Alto.
Las figuras que trabaja suelen estar hechas de materiales como bronce, mármol, granito, yeso y piedra. Pero estos materiales no siempre son aptos para dar forma a estas figuras o tienen precios muy altos. Bajo esas circunstancias, el cemento es una buena alternativa, tomando en cuenta que es un material de construcción común y además económico.

Manos a la obra
Para comenzar con la faena de creación de estas figuras, Rodríguez primero alista los moldes donde realizará el vaciado del cemento. “Tallamos el molde para que tenga un buen acabado. Dentro del molde, además de cemento puro, se coloca cemento con fierro armado”, detalla el artesano, quien trabaja hace un lustro en este lugar y también en Rosales.
“Viene hasta aquí a comprar la gente que conoce y aprecia estas esculturas para jardines y también columnas o balaustres para terrazas o chimeneas. Todo se pinta a mano y es como si fuera piedra”.
Este oficio lo practica toda la familia de Rodríguez desde hace muchos años en
Cochabamba, los hermanos del entrevistado se expandieron por otros departamentos del país. “Mis hermanos mayores me enseñaron y trabajan en Santa Cruz y Tarija, y les va bien”.
Trabajar el cemento es rápido cuando se tiene el molde, ya que el vaciado toma unos 15 minutos y en media hora se concluye con la primera fase, el secado. “Toda obra hay que afinarla puliendo. Al día se hacen dos búhos, y en dos o tres días se terminan de pintar estas piezas, si es que quieren ponerle color”, precisa.

Arte en cemento
Hay para todos los gustos, mientras existen personas a las que les gusta la uniformidad gris del cemento, otras prefieren darle alguna otra tonalidad, por eso es que se puede pintar la pieza en cualquier color brillante o en tonos mate.
Los clientes del artesano son de diferentes lugares. “Algunas personas de la zona Sur, El Alto, los Yungas y Riberalta son los principales compradores de estos adornos. También se los han llevado bien encajonados a Suiza y Perú”, relata orgulloso al saber que su trabajo gusta más allá de nuestras fronteras, aunque los pedidos cayeron con la llegada del COVID-19.
“El Sur siempre fue un sitio donde personas compraban estos elementos para sus jardines o chimeneas, pero el crecimiento económico de los últimos años, antes de la pandemia, hizo que en El Alto construyan grandes casas”, agrega.
En Perú también hay demanda de estas piezas para islas en el lago Titicaca, donde funcionan hoteles que esperan reactivarse. “Las efigies elaboradas con la mezcla de cemento y arena tienen una mayor demanda porque son más duraderas. Son detalles que piden mucha paciencia porque hay que esculpir y cincelar para conseguir un buen acabado”, precisa.
Los precios de las obras van desde Bs 100 hasta Bs 5.000. “Cada vez hay nuevas tendencias, ahora me piden mexicanos para colocarlos en los jardines y también hongos. Estoy trabajando varias de esas piezas para los clientes”.
No hay tiempo que perder, ya que hay pedidos en espera. El artesano toma una cama de arena que le sirve de lienzo, un puñado de cemento se convierte en óleo y sus cuchillas se usan para el acabado de los detalles como si se tratase de un pincel.
Así le da forma al rostro de un querubín inocente que coronará a una fuente circular que se sostiene en una columna. Hay un lenguaje secreto entre él y el cemento: un diálogo con sus manos, que van dando vida a nuevas formas.







