Todo comenzó en 2011, cuando en el grupo de teatro Los Cirujas se respiraba un aire de alegría. Acababan de comprar un terreno en Callapa con la idea de crear una sala para ensayar y hacer teatro. Un lugar para hacer arte.
“¿Por qué ‘Los Cirujas’? Son las personas recicladoras que utilizan y guardan las basuras pues les va a servir para algo. Lo reúsan. Es un término más del sur de Bolivia y el norte argentino”, explica la actriz de la compañía, Adalía Auzza, que conforma este grupo con los teatristas Rodrigo Mendoza y Wilfredo Vásquez.
Pero justo al día siguiente de la compra ocurrió lo más inesperado: el devastador deslizamiento en la ladera este de La Paz, que dejó alrededor de 6.000 damnificados y obligó a evacuar a más de 11 barrios afectados por un movimiento geodinámico dormido durante más de 70 años.
Los miembros de teatro Los Cirujas llegaron a su flamante terreno de Callapa en medio del éxodo de la gente que se marchaba con sus cosas y animales.
“En el barro encontrábamos toda clase de objetos. Camas, cocinas, pedazos de casas y hasta peluches”, cuenta Auzza.
En aquel desastre se pusieron a trabajar, construyeron una casa, rescataron animalitos abandonados en la devastación y con siete peluches que encontraron allí hicieron una obra teatral. Una de muchas que continúan hasta el día de hoy en la aldea cultural y ecológica Campo Lindo.
Hoy es un lugar lleno de cultivos, flores, gallinas, patos, perros, vacas y varios pajaritos cantores que visitan el verde espacio desde el despejado cielo.
Auzza define de muchas maneras Campo Lindo. Deja muy en claro que no es una granja ni un parque, sino un santuario para ellos que viven ahí haciendo teatro y actividades para niños y adultos.
La compañía necesitaba crear un espacio cultural así después de haber viajado por el mundo conociendo niños en comunidades recónditas del país.
“Hemos estado en lugares donde los niños ni siquiera sabían lo que era el teatro o los títeres”, recuerda la artista. Aquellos pueblos estaban en Bolivia, Colombia, Ecuador, Venezuela e incluso Alemania. Aquellas funciones calaron hondo en el corazón de cada miembro de la compañía. Niños con los pies llenos de tierra por caminar tres horas para ver una película y en su lugar encontrarse con una obra teatral a la que incluso podían sumarse.
Eso inspiró la feroz agenda de colegios, escuelas y kínders que visitan el lugar para ver obras y títeres. O así era antes de las limitaciones por la pandemia.
Poco a poco, Campo Lindo vuelve a sus actividades. Sus residentes saben que no pueden llenar el aforo de 90 personas de su sala de teatro, pero sí pueden realizar actividades alternativas como un taller para que los niños puedan poner las Manitos a la tierra. “Nosotros hemos sentido la urgencia de estar al aire libre, sobre todo en esta pandemia en que los niños están muy encerrados en su departamento, viven básicamente enclaustrados y dependen mucho del papá o la mamá”.
La idea de Manitos a la tierraes que siete niños, cada uno acompañado por un adulto para mantener baja la concentración de personas por temas de bioseguridad, pasen una mañana aprendiendo de manera lúdica sobre plantas, cultivos y animales. “El niño se sorprende cuando viene a Campo Lindo. Se llevan la sorpresa por los sonidos, los colores, las formas, por ver un escarabajo, una araña o un pato”.
El 9, el 13 y el 14 de marzo, niños de todas las edades serán recibidos por una marioneta y de 10.30 a 13.30 pondrán las manitos en la tierra: tendrán su propio cultivo en Campo Lindo y, al final del día, se llevarán a casa un plantín. “No olvidemos que somos teatro Los Cirujas, no hacemos las cosas por hacerlas. Siempre serán de una manera muy lúdica, jugada y muy teatral”, resalta Auzza.
La esperanza es que a través de lo artístico los niños de hoy, cuando sean adultos, puedan cuidar la naturaleza. “Cómo puede alguien ser respetuoso con ella si no la conoce, no la palpa, no sabe de dónde viene el alimento, cómo se cultiva éste, cómo podemos sembrar, cúanto cuesta cavar la tierra y poner la semilla”.
Este taller de una sesión cuesta Bs 120, con materiales y refrigerio incluidos. Será el primero de muchos sobre pintura, cestería, títeres y, por supuesto, teatro. “El arte es un buen recurso para aprender y la idea es reconstruir desde la cultura un espacio como éste”, agrega la actriz.






