Hacia finales del siglo XVIII se construía, en el departamento de Santa Cruz, un edificio de estilo colonial hecho de madera y adobe. Aquel inmueble se convertiría, años más tarde, en uno de los epicentros del teatro y la cultura cruceña: en 2005 Café Lorca se instaló en la planta alta del sitio. Sin embargo, antes de que actores llegaran a pisar las tablas del escenario, el edificio sufrió varias modificaciones.
En el siglo XIX se reemplazaron los antiguos horcones de madera por columnas de ladrillo y argamasa. Un siglo después, se modificó la esquina y se cambiaron las barandas de madera de los balcones por hierro forjado. Finalmente, en 2008 se incorporó parte de la planta baja al patio central, la galería que lo abraza y la actual entrada sobre la calle Sucre.
Hoy destaca el patio cercado por la galería de columnas de estilo toscano con fuertes contrastes de color, luces y sombras que se atenúan con las macetas y el jardín vertical. En los interiores conviven los elementos coloniales como los republicanos, además de la tecnología transversal a la arquitectura del edificio. Todos estos son receptores de la cultura que se genera dentro y que nació de una premura: “Café Lorca surge como una respuesta ante la necesidad de implementar una sala de teatro autogestionada”, cuenta el dueño del espacio, Ubaldo Nallar.
En el camino, fueron tomando fuerza distintas áreas que no formaban parte del proyecto inicial: difusión musical, galería de arte y promoción patrimonial. “Se fueron dando de manera natural y orgánica, consolidándose en un verdadero centro cultural y café que ofrece obras de teatro, conciertos, comida y un Museo del Singani acompañado del Bar Nacional La Singanería”, agrega el también teatrista.

“El motor del proyecto Café Lorca siempre fue el teatro, qué mejor que rendir culto a uno de los más grandes”. Es así que Café Lorca esconde también un gesto de culto. Como bien dice su nombre, el espacio rinde homenaje a uno de los más importantes dramaturgos españoles: Federico García Lorca (1898-1936), también poeta, dibujante, prosista y músico que murió fusilado a los 38 años al ser víctima del fanatismo político en los inicios de la guerra civil española.
Es así que la apuesta mayor, desde hace 16 años, es que los actores tengan un refugio. Café Lorca es la sede de dos compañías de teatro: Otero Moreno Teatro y Santa Cruz Shakespeare Company. Actores como Diego Cowks, Marcos Vecín, Janaina Prates, Alejandro Amores del Río, María Inés Ibáñez, Héctor Perrogón, Andrea Scotta, entre otros, ensayan en las tablas del centro cultural.
La Sala de Teatro, que tiene un aforo para 60 personas, acoge habitualmente las obras de grupos nacionales e internacionales, pero también a artistas que cultivan otras áreas. En el patio central, por ejemplo, se realizan conciertos de jazz, de rock, de bossa nova, de tango y también de música clásica. En algunas ocasiones, presentaciones de libros, ciclos de cine y fiestas temáticas animaron el café.
Nallar recuerda algunos de los momentos más memorables: el concierto para chelo y orquesta con el solista norteamericano Nicholas Anderson, la representación de Sueño de una noche de verano de William Shakespeare por una de las compañías, y la grabación del ciclo Lorca Unplugged. Grandes artistas como Morgan Freeman, Jorge Drexler o Debora Falabella visitaron el edificio colonial.
COCINA FUSIÓN Y BAR NACIONAL

Si bien florece el arte dentro de estas instalaciones, es la gastronomía la que sostiene el lugar. “El pago del alquiler se materializa con el funcionamiento del área gastronómica”. El menú incluye, además de la comida local y propia de Santa Cruz, ofertas, técnicas y platillos de otras culturas, como la francesa y la árabe.
Entre las especialidades están la Hamburguesa Lorca, una mezcla de tres tipos de carne, chutney de cebolla al ron, mayonesa casera, pan con sésamo, lechuga y tomate, viene acompañada de papas. También están los Escargots a la provenzal: caracoles de tierra servidos en mantequilla de ajo y finas hierbas. Entre las ofertas dulces se destacan masitas de panadería francesa como el croissant, el pain au chocolat y los hojaldrados de manzana.

Café Lorca se erige en políticas de apoyo a pequeños productores. “Muchos de nuestros productos llegan directamente de manos de sus productores, haciendo de nuestra cocina una muestra real de lo que Bolivia produce. No compramos ninguna salsa, las hacemos todas con un sabor muy casero. Hace mucho dejamos de trabajar con grandes multinacionales de alimentos y bebidas, es por eso que apostamos por emprendimientos nacionales”.
Café Lorca busca, también, ser ejemplo de cultura autogestionada. “Los centros culturales autogestivos son parte fundamental del entramado cultural de la ciudad, no por nada la Ruta Cultural de Santa Cruz (lugares icónicos) está integrada por espacios culturales de administración nacional y también independientes como Casa Melchor Pinto, Meraki o Lorca”.

El Centro Cultural atiende, después del año de pandemia provocada por el COVID-19, el reencuentro con su público con actividades paulatinas. “Tenemos muchos planes como obras de teatro, conciertos y explotar nuestros servicios turísticos tanto para el visitante nacional como para el extranjero aún más. Somos seres sociales y necesitamos recibir abrazos, reírnos en grupo, conmovernos de historias de otros y maravillarnos con la contemplación de la belleza para lograr hacer catarsis y para poder lograr poder imaginar otro mundo en el que seamos más creativos”.
En ese camino, Nallar y su equipo impulsan —desde hace 16 años— el ocio, el entretenimiento, el asombro por el patrimonio arquitectónico y por la gastronomía de autor en una ciudad que apuesta muy fuerte por convertirse en la capital cultural del país; todo esto desde aquella casa colonial ubicada en la calle René Moreno, esquina Sucre.






