EEl demiurgo, así es como Ariel Mustafá, crítico de arte, se refiere a Douglas Rivera, joven artista plástico que expone su reciente obra —producto de la pandemia— Arcanos líricos en la galería Altamira. “Transmutando el término griego de un dios creador (con minúscula) a un artista creador que, cual demiurgo, dispone que sus personajes vuelvan a vivir su propia vida en otro espacio cerrado”, se lee en una de las paredes al ingresar a la galería.
“El artista se apodera de los arcanos mayores de la baraja del tarot y, recreándolos, los trae a nuestras paredes. Luego, esos personajes son ellos sin ser ellos; es su vida sin ser su vida. Abandonan su alma adivinadora para convertirse en seres que nada recuerdan de su pasado, pues su presente es servir al arte”.
En el siglo XVIII, la reputación de los maestros marselleses en cartas —considerados los mejores en su diseño y su lectura— encontró su cúspide con el Tarot de Marsella, que se compone, desde entonces, por el grupo de Arcanos menores y el de arcanos mayores. De esta baraja, nacida en la ciudad portuaria del sur, derivaron otros mazos, tanto en Europa como en otros continentes.
22 obras, trabajadas sobre óleo en distintas superficies como madera, lienzo y tapiz, componen Arcanos líricos, una muestra que trabaja una paleta de azules contrapuestos con colores vivos y texturas diversas. “El claroscuro es una técnica que resalta las luces y se remonta al renacimiento. Se juega con los colores y eso ayuda a crear más sentidos y que visualmente sea más cautivante”, cuenta Rivera, quien ganó el gran premio del LXII Salón Pedro Domingo Murillo en 2014.
Además de estas imágenes del renacimiento, Rivera recupera otra técnica antigua. Obras como La Emperatriz relucen también una textura propia. “Al mezclar la pintura con el tapizado se genera una mixtura interesante. La tapicería en el arte se la hacía desde la edad media, pero con el tiempo se ha ido perdiendo”, comenta.
Para Rivera, las imágenes son un camino de conocimiento. “La carga simbólica es fundamental. Todas estas cartas son un camino individual. Es un recorrido que empieza con la carta de El Loco y pasa por etapas que las personas deben vivir”. Las texturas y colores, para el creador, resaltan esos importantes momentos de vivencia personal, en los que uno en particular cautiva al autor: la resiliencia, presente sobre todo en su pintura favorita, La Torre, en la que un pájaro, luciendo una corona, posa sobre una vasija quebrada.
Como el tarot cautivó a los marselleses, esta muestra seduce a quien la visita hasta el 8 de junio en Galería Altamira, ubicada en San Miguel, de lunes a sábado de 10.00 a 13.00 y de 15.00 a 20.00. “Las imágenes dicen algo”, cuenta Rivera.







