El 3 de septiembre de 1976 se iniciaba una leyenda: los hermanos Jaime y César Junaro, junto a Carlos López (fallecido el 21 de diciembre de 2019) fundaban Savia Nueva, agrupación dedicada a la nueva canción latinoamericana que marcaría época en Bolivia y el mundo con temas como Mientras estás ausente, Los mineros volveremos o Paloma.
Jaime, cantautor y guitarrista, falleció el 7 de junio a los 72 años debido a un estado de salud muy delicado que arrastraba hace tiempo, agravado por complicaciones con el COVID-19.
El orureño de la voz privilegiada recorrió el mundo como un innovador de la nueva música folklórica de la región. Su música fue la banda sonora de esperanza en una época marcada por la dictadura y con la urgencia de la democracia. Con sus hermanos Emma y César produjo el disco ‘Tu semilla’, en que reunieron sus talentos. Y acompañando a Jaime siempre, como amuleto de la buena suerte, sus zapatos rojos.
La muerte no ha apagado su voz. Ésta persiste en un invaluable legado discográfico y, sobre todo, en la memoria de una generación que creció con ella.
Recuerdos de una persona maravillosa, gran aficionado de los trenes a escala
Hablar de Jaime, el compositor, el maestro, sería tan extenso que faltarían palabras para expresar lo importante que fue su aporte para la cultura de nuestro país.
Es aún más complicado hablar de Jaime como la persona maravillosa que fue: siempre un maestro, un amigo, un compañero y un confidente.
Siempre tenía un chiste o algo nuevo que contar, algo nuevo que cantar; la música y las letras le salían del alma, no necesitaba buscar un momento especial, de repente él cantaba sin nada más que pensarlo.
Recuerdo con mucho cariño cuando preparábamos un concierto con Savia Nueva en la zona de San Pedro. Por alguna razón coincidimos en llegar a la sala de ensayo algo temprano y, también por casualidad, nos pusimos a conversar y le comenté que estaba buscando un tren a escala para mi hijo. Ahí descubrí que a él le encantaban los trenes a escala y que empezó desde muy joven a quererlos y coleccionarlos. Y comenzamos a soñar con la variedad de cosas que se podía hacer con tan atractivo pasatiempo. Me comentó que cuando estaba en Francia creció su gusto por los trenes y empezó a adquirir algunos modelos, que después trajo a Bolivia, para atesorarlos.
Pero luego de algún tiempo, y por situaciones que no pudo solucionar, estos trenes se perdieron, dejándolo con una gran aflicción.
Entonces hizo una promesa: cuando volviera a Francia adquiriría nuevamente estos trenes y luego mi hijo podría disfrutar de éstos. Eso lo tengo en mi mente y corazón, este gran gesto de empatía hacia mi hijo y mi persona.
Realmente admiro al gran compositor y músico, pero aún más a la persona, al amigo, al maestro. ¡Gracias Jaime Junaro por todo lo vivido!
(Freddy Candia – charanguista)

La potencia de una voz presente desde la infancia
Son alrededor de diez años que llevo haciendo música como parte de la agrupación Savia Nueva por invitación del maestro César Junaro.
En ese tiempo he tocado junto a grandes músicos como Verónica Guardia, Andy Burnett, Freddy Mendizábal, Estanly Marin, René Alinas, Benjo Chambi y muchos otros músicos más.
Pero conocer a Jaime fue, en su momento, uno de los grandes sueños de mi vida.
Desde niño recuerdo que en casa sonaba música de Savia Nueva. Siempre. Por lo tanto, las letras y las melodías de sus canciones estaban ya en mi memoria.
Yo siempre me preguntaba cómo era esa persona con esa voz tan bella y me emocionaba con ‘La niña de Guatemala’, ‘Los caballitos del río’, ‘Paloma’ y tantas otras canciones del grupo, así que cuando lo conocí en persona —yo tendría 13 años— fue impresionante ver a ese ser humano enorme, sonriente, cariñoso y, sobre todo, sencillo.
Ya años después, cuando llegó el momento del primer concierto con Savia Nueva, los nervios me invadían en varios de los temas y no contuve las lágrimas de la emoción al estar en escenario junto a esos ídolos con los que siempre quise estar.
Era impresionante la energía que desbordaba Jaime y el cómo levantaba al público no tenía igual.
La potencia de su voz resonaba en cada rincón del teatro.
Querido Jaime, siempre te tendré en el corazón junto con tus canciones.
(Roberto Morales saxofonista, flautista, vientos andinos)








