“Medea es una mujer que se enfrenta a un mundo adverso a ella hasta convertirse en ajena y extranjera. Pati es Medea. Por ser una mujer fuerte ha sido siempre chocante, imponente, destacada. En un mundo donde se espera sumisión, Pati, como Medea, es la personalidad rebelde”, detalla la directora, dramaturga y actriz Diego Aramburo. Esta es la base del reciente proyecto audiovisual y escénico en el que trabajó junto a la teatrista Pati García, Still Medea.
El proyecto, que estará montado en el Centro Cultural de España en La Paz (CCELP) hasta el 10 de julio, es una conjunción de propuestas. Aramburo y García fusionan sus trabajos en una instalación escénica que dialoga con el mito sobre aquella mujer autónoma e inusual, contraria al prototipo ideal de la época que fue Medea. La primera se encargó del concepto, el texto y la dirección, mientras García usa el cuerpo y la voz de la interpretación para crear esta performance que combina elementos.
Still Medea también es el epílogo de lo que fue un año de celebración. En 2020 Pati García cumplía 25 años de trayectoria artística y decidió estrenar diferentes actividades para ampliar su extenso trabajo. Extranjera, imponente y chocante. Aquellos rasgos, que comparte con la mujer del mito clásico, sobresalen no solo en este rol que la hizo mudar y mutar de piel una vez más, sino en cada una de sus propuestas. La actuación, en primer lugar, la hizo cambiar de aspecto, transformar de estado y alterar la naturaleza para ser, constantemente, otra.
Su sensibilidad dramática, sin embargo, se construye por un trabajo integral: es actriz, directora y dramaturga. Pero para mirar esta vida dedicada al arte escénico es necesario conocer sus pasos. Nació en Madrid, España, pero su impulso artístico la llevó a visitar otros lugares. Junto a su madre —de nacionalidad boliviana— y a su hermana, llegaron al país en 1994, cuando García tenía 16 años.

Trabajar desde este lado del mundo
Su padre, artista plástico, la acercó a las artes visuales, pero al llegar a Bolivia “el arte me encontró. No fue tanto una decisión mía. Yo buscaba estudios de Comunicación Social y cuando entré a esta carrera empecé también con el taller de teatro. Me di cuenta de que me encantaba actuar. Así, rápido, me di cuenta de que quería dedicarme a eso totalmente”.
“Pese a tener opciones de dedicarme a esto en el exterior, siempre volví a Bolivia. Aquí pude dedicarme a las artes escénicas como creadora total: no solo ser actriz, sino también cantar, bailar, crear escenografías, dirigir, combinar con el trabajo audiovisual. Bolivia me abrió muchas posibilidades creativas. En otros países el arte es más específico: si eres actor te dedicas solamente a actuar. De joven empecé buscando cualquier tipo de proyectos, desde abrir el telón, para estar involucrada. Eso me llevó a conocer a mucha gente y poder ingresar en elencos”.
Desde temprano formó parte de ZigZag teatro, La Cueva y Teatro de Los Andes. “Ese sí fue un momento específico de formación donde se aprendía haciendo. Hemos creado una obra, creado personajes y entendido todo”. De esta experiencia saltó a Buenos Aires, donde, por un tiempo, se dedicó a la dirección de obras infantiles. Al volver a Bolivia, García estudió Dirección y Composición Orquestal, carrera que no concluyó porque surgió la oportunidad de vivir en Francia.
Para aquel entonces, ya había trabajado con los directores de teatro Eduardo Calla y Marta Monzón. “Me ofrecían muchas posibilidades y yo estaba entregada día y noche al trabajo creativo escénico, pero siempre involucrada en procesos paralelos, como el taller de danza de Norma Quintana o en música, lo que me llevó más adelante a trabajar con Reverso, el grupo de Cristian Mercado y Teresa Dal Pero, en el cual había una teatralidad pero desde una visión más musical; o poner en escena algo de Voz Abierta”.

En su paso por más de 15 festivales internacionales —Manizales, Buenos Aires, Avignon, Santiago y La Habana, entre otros—, su público la vio mutar de piel, aunque Bolivia siempre fue el epicentro de su impulso creador. “Volví de Francia, donde llegué a participar en el Festival de Avignon —uno de los más grandes eventos de artes escénicas—, porque el lenguaje me iba a tomar muchos años y porque me sentía limitada a nivel creativo. En Bolivia empecé el trabajo más fuerte junto a Diego Aramburo y Eduardo Calla. Ello marcó mi carrera, poder trabajar con autores-directores: con ellos podía crear desde el texto y desde el escenario y eso me aportó muchísimo”.
Con Aramburo, además de la relación laboral, generó un constante diálogo creativo y una fuerte amistad. “Tengo un diálogo que no tengo con nadie. Siento que nuestras cabezas están conectadas, nuestras curiosidades y nuestras necesidades creativas. Tenemos caminos propios pero se van cruzando”. Su crecimiento artístico, dice ella, se lo debe también a Calla, Mercado y Dal Pero.

Su momento cúspide, quizás, llegó en 2010, cuando se genera un boom de gente que quiere trabajar con ella, “no solo en teatro, también en cine y televisión. Fui dirigida por Marcos Loayza en Las bellas durmientes. Hasta 2019 el camino audiovisual fue fuerte: Anomalía de Sergio Vargas, en Rojo, amarillo y verde de Martín Boulocq, en Sigo siendo el rey de Paolo Agassi, en La entrega de Gory Patiño”.
Desde ese año García se dedicó a la dirección. “Empiezo a crear proyectos que hilan todas mis curiosidades, no solo el teatro. Llega la pandemia y provoca que cuestionemos muchas cosas, entre ellas lo audiovisual”.
Aunque sus intereses se abren, sus personajes siempre vuelven a ella. “No podría quedarme solo con uno, en todos hay una parte mía. La Dama de la nación es uno que, en particular, me gustaría retomar. Lo mismo con las obras, todas son importantes. Happy Days, en especial, me demostró de lo que soy capaz”.
Aquella sensibilidad artística y el interés en el otro se expande con su vocación por la educación.

“Siempre me ha gustado enseñar y hacer que mis alumnos aprendan haciendo, como en el teatro. Estuve en proyectos de formación social, fue un tiempo de mucho aprendizaje y mucho trabajo”. Hoy maneja Ser y Estar, el espacio de formación en el Teatro Nuna.
Los festejos empezaron en agosto de 2020 con una versión de Batman para streaming, continuaron con La Cólquide como una representación pequeña de lo que sería Still Medea y concluyen ahora con la instalación y charlas teatrales en el CCELP. “Me siento privilegiada de poder festejar mis 25 años así, incluso en medio de la pandemia, que me llevó a crear nuevos soportes: esta instalación escénica involucra una investigación sonora, performática, plástica”.
Para García, esta obra “es un resumen de todo lo que puedo llegar a hacer”, no solo mudar de piel, también de artes y cuestionamientos.







