Ya en la década de los 40 el escritor cubano Alejo Carpentier se refería a nuestro continente como un lugar donde lo real maravilloso es parte de nuestra cotidianidad. Creo que debemos tener siempre presente que lo real se choca con el azar, con el empeño de la imaginación de los creadores e innovadores y que las cosas quietas, si no se mueven y renuevan, están condenadas a morir”, cuenta el director de cine, guionista y artista visual Marcos Loayza sobre sus 50 dibujos hechos a lápiz y expuestos las semanas pasadas en Galería Puro, ubicada en la calle Enrique Peñaranda 124, en San Miguel, La Paz.
Metagrafías es el nombre de la muestra de dibujos sobre lo real maravilloso, en los cuales lo fantástico y su lenguaje son parte de la cotidianidad. Las obras, hechas a lápiz en blanco y negro, o pintadas a colores o con acuarelas, utilizan “el lápiz como herramienta y testimonio de reflexión de las cosas que nos rodean”. Así, un instrumento tan simple crea mundos tan complejos que desafían a la escritura misma.
La palabra y lo visual se encuentran en un tenso paradigma. “Todos los objetos y las cosas que nos rodean y usamos diariamente, antes de ser construidas, tuvieron que ser plasmadas en dibujos y diseños. A pesar de esto, todavía se afirma que la escritura es la única manera de pensamiento”, expone el creador.
“El lápiz es la herramienta básica del dibujo y permite que el artista pueda dialogar con su espectador, un diálogo que no pasa por la razón sino por el corazón, por el pensamiento visual; antes el dibujo se enseñaba como materia principal junto a las matemáticas, la ciencia y el lenguaje; en el entendido de que todo invento, objeto y construcción que hace el hombre tiene necesidad de un plano, de un modelo dibujado o de un esquema gráfico”, comenta el director de cine y guionista de Cuestión de fe (1995), El estado de las cosas (2007), Las bellas duermientes (2012) y Averno (2018), entre otras producciones.
Si bien su carrera ha estado orientada a la dirección —también escribió y dirigió para teatro en Desmemoriados y Cuatro boleros, en esta ocasión tuvo la intención de compartir su trabajo gráfico con la gente de La Paz. “Cada cierto tiempo hago eso y creo que es bueno que los dibujos puedan circular, sobre todo en estos días que no son fáciles, creo que cada uno tiene que poner su parte desde donde puede”. Las obras, que estaban en exhibición hasta ayer, aún pueden ser adquiridas en contacto con la galería.
Animales reales o fantásticos surgen en estos dibujos. Todos ellos generan un diálogo entre la técnica y los materiales con los que se trabajan y, así, nuevos escenarios son sugeridos a quienes miran detenidamente estos cuadros. “Sentidos o metáforas, de ahí viene el nombre Metagrafías. Son innumerables las figuras literarias que hacen al manejo del lenguaje y a la poesía (metáfora, elipsis, sinécdoque, jitanjáfora, y un largo etcétera), y son pocas las palabras que estudian las figuras del dibujo. La metagrafía —recurso que busca provocar en el destinatario la extrañeza de lo inesperado— es una de ellas”.
Un elemento se repite en este bestiario hecho a lápiz: el ojo —la mirada— como elemento recurrente. “Creo que nunca debemos de perder la posibilidad de mirar las cosas que siempre vemos, con nuevos ojos, de darle la posibilidad a todo lo que nos rodea, gente, sociedad, objetos y naturaleza a que puedan subvertirnos”.
Los colores, mesurados en su intensidad, también configuran este mundo fantástico donde cada trazo tiene un sentido. “Hay un uso discreto de ellos, donde los lápices de color son los que mejor dan la talla para esa intención. Creo que estamos muy acostumbrados a la polarización, donde o se usan obras de mucho colorido o por el contrario se utiliza la monocromía”, apunta el artista.
La polisemia de estas obras es infinita. Metagrafías es una colección sobre “la libertad de pensamiento, una frase que todos la dicen, pero que muy pocos la practican y algunos no la dejan practicar. Nadie quiere salir de su zona de confort, muy pocos se atreven a convivir con su oponente, es más fácil imaginar su destrucción; y los dibujos tratan de sacar al espectador de esa zona de confort en un intento, valga la redundancia, de inquietar. Estamos muy acostumbrados a que los dibujos tengan una sola dirección, o que estén limitados a la mímesis cuando pueden ser mucho más, cuando pueden crear imaginarios enteros”.
La cabeza cortada de un hombre en último plano. Dos ojos atentos. Filas de peces, todos ellos de perfil y con un ojo que, como el rostro humano, miran de manera vigilante mientras su sombra se deja ver. Los trazos en amarillo de un pollo-hombre. Otro ojo vigía, velador y azidor. Como estas bizarras imágenes, su búsqueda artística y pictórica pasa por “dibujos que puedan inquietar”.
Ese es uno de los rumbos que Loayza y su obra toman, no solo con Metagrafías, sino también con sus proyectos venideros: “Nunca dejo de dibujar. Tengo muchas ganas de seguir profundizando y que los dibujos habiten sus propios espacios” hasta tener vida propia o irrumpir en nuestra cotidiana realidad.







