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‘Tengo dos patrias’: los jóvenes que apuestan por Bolivia y Argentina

En ellos coexisten dos culturas que derivan en una nueva identidad y, con ello, en nuevos desafíos. Llegaron de niños a Argentina; aman al país que los acogió, pero también llevan con orgullo las tradiciones bolivianas de sus padres

‘Tengo dos patrias’: los jóvenes que apuestan por Bolivia y Argentina
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Por Claudia Fernández V.
La Paz / julio 18, 2021
en Escape

Tengo doble nacionalidad, la boliviana y la argentina; y no me pidás que escoja una”, dice Paolo Calderón, con acento argentino. El estudiante de Derecho nacido en Cochabamba llegó a Buenos Aires cuando tenía cuatro años, desde entonces no salió de la capital argentina.

“Acá celebro con mi familia las festividades de Todos Santos, Carnaval y Alasita. Y eso transmitiremos a nuestros hijos, pero también nos reunimos para un asado argentino y ver el fútbol”, menciona Paolo. 

Hace 10 años que hay una tendencia en obtener la doble nacionalidad. Desde enero de 2011 hasta mediados de junio de 2021, en la Argentina fueron entregadas 221.603 cédulas de identidad bolivianas. El 90 por ciento de los documentos fueron emitidos en Buenos Aires, seguido por las provincias de Mendoza, Jujuy, Córdoba y Salta, según datos del Servicio General de Identificación Personal (Segip).

“Los mismos jóvenes quieren ser también bolivianos o sus padres cambiaron de opinión. En 2011 recibíamos 20 solicitudes al mes para obtener la doble nacionalidad, ahora recibimos 120 solicitudes por día para obtener el documento”, informa Ramiro Tapia, embajador de Bolivia en la Argentina.

Hay dos causas identificadas para este aumento en las solicitudes. “Primero, hay una revalorización de la identidad del boliviano. Segundo, y no menos importante, es una respuesta flexible a la incertidumbre de una región marcada por cambios económicos constantes. Ves a un país como Bolivia con una historia de pobreza, pero que en los últimos años ha mejorado sus ingresos; en tanto que la Argentina es una economía grande, con una historia industrial y de modernización, pero que en la última década ha sufrido el impacto de una crisis económica que redujo las oportunidades de ascenso social”, reflexiona Mauricio Oporto, sociólogo e investigador de procesos migratorios.

Además de la apuesta por los dos países, la nueva generación de bolivianos-argentinos participa de los procesos electorales, aunque estén a miles de kilómetros y la asumen como una reafirmación de sus lazos identitarios y gravitación política en Bolivia, pero también como una forma de hacer valer sus derechos en la Argentina. Desde 2009 las personas con cédula de identidad pueden votar en las elecciones presidenciales.

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CARNET. Desde 2011, en Argentina se entregaron 221.603  cédulas de identidad bolivianas, el 90 por ciento fueron emitidas en Buenos Aires. Foto: Consulado General de Bolivia en Buenos Aires

“En la ciudad de Buenos Aires, la primera votación fue en el estadio de San Lorenzo y en el Club Deportivo Español. A mí me tocó votar en ese club, fue muy cansador, pero también muy emocionante. Fue el 6 de diciembre de 2009, era mi cumpleaños. Llegamos al estadio con mi papá a las ocho de la mañana y pudimos votar pasadas las cuatro de la tarde”, asegura Giovanna Suárez Mejía, estudiante de Administración, que llegó a Argentina cuando tenía un año de edad.

“La fila de gente esperando votar era interminable, daban varias vueltas al estadio. Había jóvenes, adultos mayores, familias con niños y bebés; que más allá del cansancio por la espera no se iban hasta emitir su voto”, recuerda.

Giovanna y su familia vivían en la ciudad de Oruro y llegaron a la Argentina en 1986, después de que su padre y otras 30.000 personas quedaran sin trabajo tras el cierre de las minas de Comibol.

“En Argentina mi papá trabajó de albañil, de carpintero… Era muy sacrificado su oficio, eran muchas horas y el sueldo era muy bajo. Hasta que decidió hacer un negocio propio. Comenzamos vendiendo caramelos, muy poco en mi casa. Hoy tenemos una librería y un almacén”, dice. La joven, amante de reunirse con la familia para hacer un tradicional asado argentino y pijchear, recién “conoció” la tierra donde nació en 2008. “Ya era mayor de edad cuando por primera vez visité mi patria y eso me movilizó. Cuando llegué, vi el cielo y era mi cielo, sentí la tierra y era mi tierra.  Pero sé que ahora no puedo retornar porque acá estoy a cargo del negocio familiar, mis padres ya están jubilados”.

Giovanna trabaja de 10.00 a 18.00 en su almacén, que está ubicado en Villa Lugano, ciudad de Buenos Aires. En el barrio se pueden ver wiphalas en algunas ventanas y los restaurantes ofrecen comida típica boliviana; también hay algunos puestos de venta de caramelos y hojas de coca en las veredas.

“Yo pertenezco al grupo de jóvenes que llegaron muy chicos y se criaron como un argentino más. Mis padres siempre me hablan de Bolivia, me siento orgulloso de mis raíces, pero acá me crié, es un sentimiento extraño. Es como tener doble patria”, reflexiona Carlos López, joven de 30 años, mientras busca fotografías familiares en un mueble que luce una bandera argentina y una bandera boliviana.

“La encontré, mirá, ¡es del 2018!”, exclama Carlos. En una de las fotografías el hincha del Club Atlético Vélez luce un traje de caporal. “Nos unimos para la fiesta, para las entradas folklóricas. Ojalá nos uniéramos igual para la defensa de nuestros derechos”, reflexiona.

Desde la década de los años 1970 se celebra la festividad en honor de la Virgen de Copacabana en Charrúa, Bajo Flores, donde fraternidades de bolivianos y sus descendientes argentinos bailan en agradecimiento a la Virgen por los deseos cumplidos. Esta dinámica es igual que las grandes manifestaciones culturales como el Carnaval de Oruro y la Fiesta del Gran Poder en La Paz.

En 2009 se realizó por primera vez esta festividad en el centro porteño. Desde entonces y hasta 2019, la Entrada Folklórica Integración de Bolivia en Argentina, que se celebra a mediados de octubre, toma las avenidas 9 de Julio, Belgrano y Diagonal Norte hasta la Plaza de Mayo.

“Para ellos la danza es un espacio de encuentro en el que buscan conocer más sobre sus raíces, donde interactúan con otros jóvenes, allí donde forman lazos identitarios, y también donde pueden ejercer un modo de contestación a los estereotipos que pesan por sobre ellos. En una lucha por la argentinidad, danzan. Visibilizan parte de su cultura. Esperan respeto”, explica la doctora en Antropología e investigadora Natalia Gavazzo.

Estos jóvenes argentinos-bolivianos, que acompañaron a sus padres en los complicados episodios de la migración, navegan entre dos culturas y no quieren desprenderse de ninguna. Y observan que persisten importantes desafíos en la promoción efectiva de los derechos humanos y la lucha contra la discriminación y xenofobia, aunque reconocen que hay avances.

“Nunca lo conté, pero tres veces me escupieron en la calle. Uno no entiende, es fuerte. O en las escuelas los hijos de bolivianos éramos muy discriminados. Te estigmatizan con ser sucio o no ser muy inteligente para hacer otras cosas aun teniendo buenos promedios. Ahora no se siente como antes”, asegura Carla Olori, nacida en Buenos Aires con ascendencia boliviana.

En la Argentina el número de denuncias por discriminación y xenofobia contra migrantes, en su mayoría de países latinoamericanos, cayó del puesto tres registrado en 2008 al puesto seis en 2019 por detrás de los casos contra personas con discapacidad o la comunidad LGBTIQ. La ciudad de Buenos Aires mantiene el mayor número de denuncias, seguida de la provincia de Buenos Aires. Pero estos delitos atraviesan fronteras a pesar de los esfuerzos para frenarlos.

“Hice el cuartel en Bolivia y allá me decían ‘gaucho’ por el acento argentino, pero yo soy boliviano de nacimiento. Sufrí también discriminación allá, me decían ‘Qué te hacés el argentino’. Pero mis modismos no los hacía a propósito, estoy acá desde chico y me sale natural. Acá también me discriminaban en el colegio por el modo de hablar, por esta mezcla de tonadas y por el color de piel. Me decían ‘bolita’”, relata Carlos.  

El sentimiento es compartido por Dayana Mamani, universitaria de 23 años e hincha de Boca Juniors. La estudiante de Derecho llegó cuando tenía seis años y solo tiene algunos recuerdos difusos de su vida en Bolivia. “Acá era discriminada en la escuela por mi apellido y deseaba volver a Bolivia, pero cada vez que voy y camino por mi tierra, por mis montañas, también me siento discriminada por mi acento, me dicen ‘esa gaucha’. Qué difícil es tener doble patria”, expone.

Este problema no afectó a los bolivianos que migraron siendo adultos. “Yo soy una boliviana viviendo en Argentina, pero un día uno de mis hijos me preguntó: ‘Mamá, ¿de dónde soy? No soy de acá, pero tampoco soy de allá’. Ellos nacieron en la Argentina, pero son considerados bolivianos y cuando llegan allá les dicen ‘los gauchos’. Es algo que me deja pensando”, afirma María Blanco, madre de tres hijos.

A pesar de la dificultad que enfrentan los bolivianos-argentinos, demuestran que son una generación diferente; que mantiene lazos con los dos países como una respuesta ante un futuro más incierto y reclama la protección y el cumplimiento de sus derechos humanos en igualdad de condiciones, y piden que su aporte económico y cultural en la sociedad no sea negado.

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