Detrás de una paleta de colores revenidos, todos oxidados, se esconden un sinfín de metáforas e imágenes sobre el tiempo y su ser inexorable. La oscura gama de cada una de estas 20 obras, pintadas todas ellas en óleo sobre lienzo, son una crónica visual del entorno boliviano en momentos de cambio, son un retrato de la nostalgia. Tiempo Implacable, la reciente obra de Vidal Cussi, es así un cuestionamiento al pasar de los días.

En su transcurrir, a veces más rápido y a veces más lento, el tiempo trastoca su alrededor mientras busca comprenderlo. “¿Se puede sentir el paso del tiempo raudo y detenido en un mismo instante? ¿Logran las horas, los días, los años alterar las universales leyes de peso y levedad? ¿El ayer, el hoy o el mañana definen que lo frágil sea en realidad una cualidad de fortaleza y lo duro de debilidad? Éstos y otros cuestionamientos me asaltaron al ver por primera vez las obras de Vidal Cussi en su Tiempo Implacable”, escribe en la pared que antecede a los cuadros Ariel Mustafá, curador de la galería Altamira (calle José María Zalles #834, bloque M-4, San Miguel). La muestra se inauguró el 21 de julio y estará abierta hasta el 10 de agosto.
“La necesidad de reloj no es para medir el tiempo, el tiempo de Cussi no se mide en parámetros por nosotros conocidos, el tiempo de Cussi se ve en la costra de aquella que de tan inmóvil se vuelve hogar con ventanas de luces prendidas esperando algún regreso. ¿A quién le importa el paso de desvencijadas manecillas sobre el eterno coloso, morada de perdidos dioses? No debería importarnos a nosotros, porque sin duda al artista no le quita el sueño”, añade Mustafá.

Así, escaleras, relojes, pulmones —sinécdoque de la enfermedad del coronavirus—, planchas antiguas, efigies y montañas, dan cuenta del paso de las horas. Estos objetos y personas, con una sutil técnica, están costurados de forma tal que los hilos se exponen y se dejan ver. “El tiempo en que vivimos ya no es el mismo que antes, los nevados, por ejemplo, de a poco se van perdiendo; pero también se pueden recuperar y darles otro significado, por eso las suturas”, dice el artista plástico Vidal Cussi, formado en la Academia Nacional de Bellas Artes en La Paz.
Como las costuras, los colores revenidos también generan sentidos. “El metal me gusta mucho. En cierta forma son muy tristes, pero así mismo son muy bellos porque muestran que lo oxidado no ha dejado de usarse, el deterioro se puede transformar”, cuenta Cussi, ganador dos veces del Gran Premio del Salón Pedro Domingo Murillo: en 2012 con la obra Justicia Comunitaria y en 2020 con Hasta el último aliento.
Estas obras, junto al Tiempo Implacable, retratan el contexto boliviano desde lo afectivo, desde el presagio o desde la premonición. “Mis pinturas siempre van relacionadas con el tiempo que se vive. Como artista soy muy sensible a lo que está pasando en la realidad. Eso marca el alma. Y es así que las tristezas, también las alegrías, se van plasmando y profundizando. Es como un desahogo, en vez de llorar uno pinta”, comenta el artista, que ya prepara sus próximas exposiciones individuales en La Paz y Cochabamba.
Ausencia, privación o la pérdida de alguien o algo son evocaciones de esta muestra, en la que los cuadros provocan nostalgia y melancolía por lo acaecido, pero también curiosidad por lo venidero. “Vidal Cussi nos trae soledad y compañía, sosiego y desesperanza, peso y levedad en dosis equivalentes. Vidal Cussi nos trae una muestra de lo implacable del tiempo”, sentencia Mustafá.







