ESCAPES
Fue bautizado como Iñigo López de Loyola y nació en Azpeita hacia 1491 en España, sirvió como paje en el reino de Castilla. De inicio, según las crónicas de la época, tuvo cierto apego a los placeres y licencias de la vida de soldado, participó de la defensa de Pamplona contra los franceses, se destacó por su valor, puesto que la batalla estaba perdida, pero él peleó por la honra de su nación; al final resultó herido por la bala de un cañón que fracturó su pierna e hirió terriblemente la otra.
Se recuperó de sus lesiones pero su extremidad fracturada estaba angulada y la fractura consolidó así, por lo que sus médicos decidieron refracturarla y corregir la angulación.
Este procedimiento se realizó sin anestesia y con consecuencias funestas, la asimetría era más evidente y una pierna quedo más corta que otra, además un segmento óseo sobresalía por debajo de la rodilla, así que se tuvo que volver a intervenir igual sin anestesia.
Durante su convalecencia se distrajo leyendo libros religiosos, lo que le inclinó al servicio de la iglesia. Murió el 31 de julio de 1556 a causa de una afección estomacal no determinada. La iglesia lo beatifico el 27 de julio de 1609 y fue canonizado por el papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622.
Muchas veces una caída, un golpe o un accidente de tránsito pueden ocasionar la fractura de uno o más huesos. Se presenta con dolor, deformidad en la extremidad comprometida, dificultad de movilizarla por el dolor; una complicación es cuando el hueso astillado por la fractura corta la piel y expone el segmento fracturado, ante ello se debe inmovilizar la región y evacuar inmediatamente a un centro médico.
No se pudo mejorar la situación de San Ignacio de Loyola, por lo que él terminó cojeando para siempre. El mundo no conoció las radiografías sino hasta 1895.
(*) Dr. Aníbal Romero Sandóval En esta sección se abordan patologías relacionadas con personajes de la historia.







