El Taller Permanente de actuación “Ser y Estar”, dirigido por Patricia García, está de aniversario y lo celebra con la presentación de Horizonte, décima escenificación de fin de curso, en la que la docente, actriz y directora toma 10 textos cortos escritos para “Ser y Estar” por diferentes autoras y autores del teatro de Bolivia y los recupera en esta puesta que presenta el miércoles 8 de diciembre, a las 19.30, en el Teatro Nuna.
El siempre desafiante mundo del arte, en Bolivia, suma la complejidad, para quien quiera dedicarse a ese tipo de rubro, de la falta de espacios formativos que den alguna pista sobre las calidades y herramientas con las que se cuenta para sobrevivir a un mercado hipercompetitivo y sin apoyo estatal ni privado. En cuanto a la actuación, esta condición hace más necesario y más urgente prepararse en niveles que permitan enfrentar un escenario o una cámara con ciertas garantías de no estar cometiendo el clásico suicidio de pensar que “lograr fingir llorar” te convierte en actriz o actor.
Una de las alternativas más potentes al respecto es el “Ser y Estar” que, por quinto año consecutivo, trabaja en formación y culmina con la presentación de una creación en la que los alumnos de la gestión ponen en práctica lo aprendido, a través de escenas y obras en las que se ponen a disposición de “decires” que transforman su presencia en la escena.
Pero, ¿en qué consiste específicamente este espacio formativo? Primero, en la preparación de las personas que quieren actuar para aquello que es la base misma de ese trabajo y arte. Es decir, disponerse a percibirse y ofrecerse como un todo físico y sensible. Percibir-se, digo para comenzar, porque en la base está la consciencia propia, consciencia del aspecto exterior-material, así como del aspecto interior (llámese ‘estado’), consciencia profunda y, a la vez, relajada, que abre el camino a la posibilidad de recibir y entregar. Recibir lo que conlleva una situación enmarcada por la palabra (que se dice o que describe lo que sucede), y entregar precisamente lo que contiene aquella palabra-texto antes mencionado, devolviéndolo en un accionar dado por movimientos o enunciaciones —sensible, una vez más—, a las que este ser-actoral se lanza en una suerte de caída libre ‘a ojo cerrado’, para la cual la única red de contención es la confianza en que el disponerse de manera tan amplia y completa a que esas palabras, ficciones y testimonios, una vez vivenciados en primera persona, por mucho que gusten o disgusten, y por más que ensalcen o duelan (en la caída), enriquecerán tanto a la persona actuante como a quien entre en contacto con este hacer y decir profesional sea en un escenario o captado por una lente para la pantalla.
Luego de lograda esa base, y en un estado de ‘limpieza actoral’ —para nada sencillo de alcanzar—, los alumnos de Pati suelen enfrentar textos que ella pide que sean creados para provocar de alguna forma a quienes han de encarnarlos. La provocación suele recaer en la necesidad de una aguda y sutil escucha que logra, en tiempo simultáneo, el reaccionar-accionar por parte de cada “actuante-diciente-sensible”. Se reacciona a lo que se dice y hace proveniente de la obra-texto-guion y se acciona la sensibilidad con la que esto se realiza-entrega. El balance entre ese reaccionar y accionar, mucho más instintivo que racional o “cabezón”, es el secreto detrás del éxito de este trabajo. Pero esto para nada consiste en un trabajo sobre el principio o método de la improvisación, sino todo lo contrario, consiste en un profundo trabajo para masterizar el estado propio inicial, lo que precede a escuchar una y vil veces los ‘decires’ y ‘accionares’, siempre vivos, que salen al relacionarse con palabras y situaciones cada vez más conocidas y experimentadas (cada vez más, a medida que se repite y repite el encuentro con las mismas pautas), pero que son cada vez más potentes y más cargadas de una diversidad implícita en cada repetición no-nueva, pero sí renovada, fortalecida y fresca.
Surge así una actuación que genera curiosidad, misterio y plena de potencialidad. Surge así el tipo de actuación que propone Patricia García y que ella busca transmitir a quienes aprenden con ella. Surge así un espacio en el que se experimenta una comprensión completa e inquietante de la actuación, que otorga bases sólidas para poder pensar en actuar “sin morir en el intento”.
Se trata de una formación desafiante que busca una actuación orgánica e integral, cargada de posibilidades tanto para quien la realiza como para quien la recibe. Y quienes encarnan el desafío en esta ocasión son los alumnos del segundo semestre del año del “Ser y Estar” que protagonizarán los fragmentos El desmayo, Morir gritando, de Denisse Arancibia; Este no es un ejercicio de amor, de Darío Torres; Disfuncional, de Julio César Benítez; Los panes de hoy en día, de Freddy Calderón; El mejor de los intentos, de Jorge Alaniz, y La promesa, de Katy Bustillos, que conforman la obra Horizonte.






