En diciembre es común encender la televisión y encontrar en los diferentes canales de la televisión abierta, por cable o el servicio de streaming películas que buscan reafirmar el espíritu navideño. Desde el advenimiento del séptimo arte, la famosa fiesta de fin de año ha estado presente y se ha convertido en un género en sí misma.
Hacer una retrospectiva sobre cuándo el cine empezó a hablar de la Navidad puede resultar complejo, aunque sí existe una obra literaria que de forma constante ha sido llevada al celuloide. Se trata de Cuento de Navidad, de Charles Dickens, la pieza que trata sobre el hombre avaro que cambia gracias a los espíritus de la Navidad y que mayor influencia ha tenido en la forma en que se celebra la fiesta: introduce la idea de las reuniones sociales, las comidas familiares y con amigos o la solidaridad frente al egoísmo y el materialismo. Actualmente estos valores son considerados como la identidad de la Navidad.
La primera de muchas de estas versiones es Scrooge o el fantasma de Marley, de Walter R. Booth (1901), este cortometraje mudo de tan solo cinco minutos que resume lo más conocido del relato de Dickens. Para ello simplifica personajes y se centra en el difunto Marley, quien muestra al anciano y avaro Scrooge su pasado, presente y futuro en vísperas navideñas.
Nueve años después de esta versión sale A Christmas Carol,de J. Searle Dawley (1910). Esta es la primera producción norteamericana del libro, tiene una duración de 17 minutos y, al igual que su predecesora, es muda. Centraliza su relato en el accionar de Scrooge y cómo este actúa frente a las festividades navideñas. El actor que encarna al anciano avaro es Marc McDermott.
En 1928 aparece Scrooge, de la mano del británico Hugh Croise. La poco conocida cinta no aportó nada nuevo en sus nueve minutos de duración, si se compara con los dos cortometrajes predecesores. Lo que la hace relevante es que fue la primera hablada.

Bajo la dirección de Henry Edwards, en 1935, vio la luz Scrooge. En el papel principal estaba Seymour Hicks, actor de más de 60 años de edad que interpretó al famoso avaro tanto de joven como de anciano. Esta nueva versión contó con más minutos de producción, siendo el punto más importante el trato narrativo del relato, pues incluso mostró muerto al pequeño Tim, cosa que en diferentes versiones se realiza de forma elíptica.
La Metro-Goldwyn-Mayer, en 1938, realizó A Christmas Carol con la conducción de Edwin L. Marin. Se muestra en las salas una versión que refleja mucho sentimiento y melodrama, para ello se empleó el blanco y negro. La actuación de Reginald Owen (quien era más conocido por sus interpretaciones de Sherlock Holmes y Dr. Watson) del huraño Mr. Scrooge sería considerada como el referente que marcaría un antes y un después para los futuros actores que encarnen el papel.

Del viejo continente llega Leyenda de Navidad (1947). La versión española fue una esforzada adaptación a cargo del escritor y guionista Manuel Tamayo, que a la postre se convirtió en una de las tres únicas películas que dirigió. En 1951, Brian Desmond Hurst dirige Scrooge, filme que representa al personaje de forma mucho más amable y que justifica su accionar miserable y ruin por la influencia de su tutor. Los actores, en su mayoría británicos, demuestran sus dotes actorales que tienen su raíz en el teatro.
En 1970 se estrena Muchas gracias, Mr. Scrooge, bajo la dirección de Ronald Neame, que se convertiría en una de las adaptaciones más populares de los Estados Unidos y parte del mundo: la adaptación musical de Cuento de Navidad recibió cuatro nominaciones a los premios Oscar. Entre los actores destacan Albert Finney (Mr. Scrooge), quien lograría su segundo Globo de Oro por su interpretación del personaje, y Alec Guinness (Marley), quien siete años después daría vida a Obi-Wan Kenobi, mentor de Luke Skywalker en Star Wars.
The Walt Disney Company no podía quedar fuera de estas adaptaciones, así en 1983 llega Una Navidad con Mickey, de Burny Mattinson, en la que todos los personajes






