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‘El Padrino’ en Bolivia: Banzer, Espinal y un viaje secreto de Coppola a Sucre

El film ha vuelto a los cines 50 años tras su estreno. Cuatro cineastas bolivianos nos recuerdan su llegada al país

‘El Padrino’ en Bolivia: Banzer, Espinal y un viaje secreto de Coppola a Sucre

Aniversario. La cinta de Francis Ford Coppola, basada en el libro de Mario Puzo, se estrenó el 15 de marzo de 1972

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Por Ricardo Bajo H.
La Paz / marzo 14, 2022
en Escape

El cine 16 de Julio y el Tesla anuncian un “simultáneo de oro” y horarios especiales para ver El Padrino, la película de tres horas de Francis Ford Coppola, ganadora de tres Óscar. El calendario marca una fecha: 18 de abril de 1974, jueves. Han pasado dos años desde el estreno mundial en marzo de 1972. En Argentina y Perú han tenido mejor suerte pues han podido disfrutarla en marzo y en septiembre de aquel año. En Chile van a tener peor suerte pues recién se estrena a finales de 1974, seis meses después del estreno boliviano. Las ganas de ver a la familia Corleone es tan grande que los cinéfilos chilenos han viajado a Tacna (desde Arica) o a Córdoba (desde Santiago) en paquetes turísticos preparados para la ocasión. Por eso, cuando la película de Coppola (joven y director “italiano”) llega a La Paz se monta una “premiere” de lujo en el cine 16 de Julio con asistencia del presidente de facto Hugo Banzer Suárez y todo su séquito. La recaudación es destinada a la Junta Nacional de Desarrollo Social que preside la señora Yolanda Prada, esposa del dictador. Doña Yolanda asegura que la plata será invertida en la construcción de una piscina terapéutica para el Instituto de Rehabilitación de niños lisiados y así conmemorar el 12 de abril, Día del Niño Boliviano.

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El crítico de cine del diario católico Presencia, Luis Espinal Camps, dice que “la semana cinematográfica no ofrece mayores novedades, a no ser el conato de sabotear El Padrino pero el film va adelante, a pesar de todo”. Diez días más tarde del estreno, el maestro Espinal publica la crítica de la película y arremete contra los excesos violentos y corruptos de un “clan autocrático y dictatorial” en un guiño sutil e inteligente contra la dictadura (ver recuadro con la reseña completa).

Las colas para ver El Padrino van a durar dos meses en los cines paceños y las entradas se venden desde las diez de la mañana en las boleterías del “16” y el Tesla a 13 bolivianos en noche y 16 en tanda. Hay 20 salas de cine más en la ciudad, en cada barrio, en cada esquina: Monje Campero, 6 de Agosto, Universo, Princesa, Scala, La Paz, Miraflores, Center, Roxy, Abaroa, Bolívar, Murillo, Ebro, México, Imperio, Palermo, Busch, Colonial, Lux y Madrid. Todos esperan que pase el fenómeno cinematográfico de un año que va a ver también estrenos estelares como El exorcista, Cabaret o la boliviana Pueblo chico de Antonio Eguino. Los aficionados al cine todavía no han podido ver —por culpa de la censura— la película boliviana más esperada que ya se ha proyectado en el extranjero: El enemigo principal de Jorge Sanjinés.

La empresa Discolandia también hace el agosto en pleno abril: la banda sonora de Nino Rota se vende como pan caliente en vinilos de colección. Un día antes del estreno, un tren proveniente de Guaqui con bobinas de papel periódico ha descarrillado cuando bajaba a la ciudad a la altura de La Portada. El periodista Mariano Baptista Gumucio ha tomado posesión ese mismo abril de la silla H de la Academia Boliviana de la Lengua con la lectura del discurso titulado Un boliviano del siglo XIX. La artista Graciela Rodo Boulanger, residente en París, expone grabados, litografías y óleos en el Museo Nacional de Arte en una visita fugaz al país, tomando el relevo de la segunda exposición en dicho museo de un joven prometedor llamado Gastón Ugalde. El alcalde de La Paz, general Armando Escóbar, inaugura junto a su par de Taipei (capital de Taiwán) la estatua de Confucio, delante del cuartel de San Jorge. Faltan cinco años para que se construya a espaldas del pensador chino la Residencia Presidencial. El club The Strongest va a salir campeón a finales de aquel año, 1974.

El escritor Heberto Arduz Ruiz aprovecha la ocasión y reseña en el suplemento Presencia Literaria, dirigido por Juan Quirós García, la novela de Mario Puzo, El Padrino (ediciones Grijalbo, 51 edición, 1972). Arduz termina así su reseña: “toda sociedad semejante a la que Corleone funda, sin el más elemental respeto al derecho ajeno, mil veces se verá condenada al fracaso y estará signada por la destrucción y la muerte”.

Uno de los pocos bolivianos que ha visto la película antes que todos es el exdirector de la Cinemateca Boliviana y cineasta Pedro Susz. “La vi por primera vez en Buenos Aires en 1972 en algún cine de la calle Corrientes cuando estaba en el exilio. Luego la volví a ver otras tres o cuatro veces en pantalla cuando la incluimos en varios ciclos de la Cinemateca. Intenté volver a verla hace un año aproximado en DVD, ¡imposible! Es una película que solo puede verse, no solo mirarse, en  pantalla grande”. Otro cinéfilo/cineasta paceño que también la ve en el extranjero es Alfonso Gumucio Dagron. “Vi la película casi inmediatamente cuando se estrenó en París, donde yo estaba exiliado durante la dictadura de Banzer. Estuve en España un año, hasta agosto o septiembre de 1972, y luego me fui a Francia para estudiar cine”.

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Nuestro tercer hombre también goza con El Padrino allende los mares. El director de Mi Socio, Paolo Agazzi, era un estudiante de cine a principios de los 70. “La vi en Italia, en Milán, juntamente con un grupito de mis compañeros de la Escuela de Cine”. El director de cine Marcos Loayza estaba en 1972 en Buenos Aires y recuerda haber visto la primera parte de la saga en un cine de la calle Lavalle. “Era prohibida para menores de catorce años”.

Los cuatro coinciden en  la influencia que tuvo aquella primera parte de la saga en la historia del cine. “Moro” Gumucio cree que fue una muestra de que se puede hacer cine comercial con gran calidad. “Es el equivalente del Ciudadano Kane en ese sentido: gran dirección, pero sobre todo dos elementos importantes. a) por una parte el espesor sicológico de los personajes (imposible sin buenos actores), y b) la mirada desde adentro de la mafia italiana en Estados Unidos, desde los ojos de la familia Corleone, con quienes uno termina (y empieza) en una relación de complicidad afectiva. Por lo que señalé antes: el espesor sicológico de los personajes, la profundidad de las relaciones humanas, la ausencia de maniqueísmo, la posibilidad de vivir las contradicciones de los personajes y comprenderlas. Y claro, la fama de los grandes actores ayudaba”.

Agazzi denomina “fresco cinematográfico” a El Padrino, inusual por su calidad (superior a la calidad literaria de la novela de Puzo) y por su época para un género normalmente de clase B. “Creo que envejeció tan bien porque el tema de la mafia sigue tan actual como hace 50 años, principalmente en Italia, y por el auge del comercio de las drogas, pero principalmente por el talento de Coppola en su mejor momento creativo”.

Marcos Loayza considera que “la película marcó un reencuentro del cine de autor con el público, pasadas las ‘nuevas olas’ y las vanguardias de los años sesenta. El pulso narrativo, la reflexión sobre la familia y los astros alienados para que cada uno de los departamentos artísticos haga lo suyo de manera impecable son las razones que explican por qué ha envejecido bien la obra”.

Susz tuvo que ver la película tres o cuatro veces para valorarla en su justa medida. También “ayudó” una charla con el mismísimo Coppola en La Habana con motivo de su Festival de Cine. El otrora director de la Cinemateca Boliviana cree que el cineasta italonorteamericano tiene trabajos más valiosos en su carrera y destaca el ambiente que se vivía en los años 70. “Aquella década fueron tiempos de alto voltaje político sin mucho lugar para las matizaciones ideológicas, todo lo que venía del Norte era inmediatamente recibido con mucha suspicacia, peor aún cuando las películas evidenciaban haber costado un montón de dólares. Pasó también con la primera parte de El Padrino. De hecho, yo mismo recién pude valorizar adecuadamente la excelencia de su factura en la tercera o cuarta visión. Y, valga la anécdota, luego de haber conocido  personalmente a Ford Coppola en el Festival de La Habana de 1979 y haber conversado casi una hora con él”.

Agazzi no tuvo el privilegio que tuvo Susz, pero sí se enteró hace unos años de un chisme que recorrió la capital Sucre, donde supuestamente vacacionó unos días Francis Ford Coppola. “Nadie se enteró, aparentemente estaba filmando en Buenos Aires, hubo una huelga de los trabajadores del cine y aprovechó para venirse a Sucre en su avión personal”.

‘El Padrino’: crimen y negocios

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Película. La cinta protagonizada por Marlon Brando y Al Pacino se proyectó en Bolivia en abril de 1974, a dos años de su estreno en Estados Unidos

Por: Luis Espinal Camps *

El Padrino (The Godfather) tiene la envergadura y el sabor de un clásico de cine. Ford Coppola nos da una antología del lenguaje del cine sin estridencias y manierismo. El mundo subterráneo de la “mafia” italiana en Norteamérica viene a ser una copia de la sociedad honorable; un grupo oprimido ha creado su propio estado dentro del estado. La misma estructura social del individualismo grupal y de la destrucción del opositor domina en ambos campos. Lo que en la sociedad primitiva de Sicilia era una defensa de la familia (celos, honor), en la tecnocracia americana es la manera de hacer prosperar los negocios (juego, drogas).

El hijo menor Michael, el héroe de la guerra, Al Pacino, contrario por temperamento, se verá obligado a entrar en él de lleno; la estructura le obligará. Así como el crimen fue respetable durante la guerra, ¿por qué no lo va a ser para los negocios? En un mundo de fieras, hay que convertirse en fiera para sobrevivir.

Don Vito (Marlon Brando) es un estratega maduro que reduce la violencia al mínimo y la recubre con respetabilidad porque tiene a los políticos en su bolsillo, como centavos. Pero los tiempos se endurecen y su hijo Santino se lanza a una criminalidad más temperamental y vistosa, aunque la violencia es más superficial (agarrarle a patadas). Pero Michael llega a las masacres fríamente, sin motivos personales. En tres pasos se ha pasado de la majestad al acaloramiento hasta llegar al cinismo; este parece el proceso desde el temperamento mediterráneo al anglosajón.

Cuando la esposa le pide a Michael saber la verdad, se le indica que solo esta vez le hablará de negocios; y la verdad le es negada. Y cuando se cierra la puerta sobre la pantalla, sabemos que cae el silencio y la clandestinidad sobre este mundo del crimen.

El Padrino es un análisis del poder que siempre va manchado de sangre en nuestra sociedad porque para mantener el poder hay que asesinar al rival. El mismo criterio se aplica al poder honorable, si no queremos ser ingenuos. Mario Puzo y Francis Ford Coppola se han inspirado en hechos reales, en el actor de cine se descubren las andanzas de Sinatra.

La película se ambienta en la inmediata post-guerra, por esto el estilo cinematográfico tiene trazas del cine de 1945, en concreto del de Orson Welles; profundidad de campo, plano secuencia, construcción en profundidad, secuencias con fuertes elipsis intermedias. El estilo narrativo tiene una gran agilidad y flexibilidad, lo mismo se compagina con montaje paralelo (el bautizo) como se da la secuencia en una sola toma (noche de bodas, la muerte de Don Vito en el jardín). Son fabulosas las ambientaciones grupales, por los rasgos de los personajes y el tono italianizante; la boda, el entierro, el bautismo.

El Padrino tiene un ritmo perfecto precisamente por los cambios de ritmo, según los momentos de acción; hay fuertes resúmenes y pasos en fundido, sin que sobre ni falte el tiempo narrativo. Marlon Brando y Al Pacino (notemos los apellidos italianos) representan dos tonos diversos de recitación. Brando, como un monstruo sagrado, un poco solemne y estereotipado; Pacino con más viveza de ojos y más tensión interior, si el primero tiene algo de Burton, el segundo se acerca más a Hoffman. En Brando el actor ahoga al personaje; en Pacino el actor crea un personaje sutil y penetrante. El Óscar, como siempre, se equivocó de actor.

El Padrino representa la mezcla de machismo y religiosidad propios de un clan autocrático y dictatorial; al terminar el film los subalternos besan las manos del nuevo Don Corleone, del nuevo Padrino. Como su padre juega a dos manos; en una tiene la violencia y en otra la ley; así podrá violentar la ley y legalizar la violencia.

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*La crítica cinematográfica del maestro Lucho Espinal Camps fue publicada el 28 de abril de 1974 en las páginas del periódico Presencia, La Paz.

FOTOS: RICARDO BAJO E INTERNET

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