Unos niños jugando en la calle despreocupados por la pandemia, la amarga espera en un hospital, la naturaleza floreciendo en todo su esplendor… Todos estos son momentos que el fotógrafo Jhozua Atreyu Ibáñez Loayza —cuyo nombre artístico es Jail Ibáñez— ha capturado en su entorno y que han formado parte de su concepción de la realidad en algún momento de su vida. Él ha reunido estas imágenes en una serie denominada Desde las sombras.
A sus 18 años, este artista paceño ha tenido muchas experiencias que han marcado sus percepciones a través del lente de su cámara. Comenzó probando en diferentes ámbitos artísticos, como la pintura, el dibujo, la música y el audiovisual. Fue en la Escuela de Cine y Artes Audiovisuales (ECA), en la Academia Nacional de Bellas Artes (ANBA) y en el Conservatorio Plurinacional de Música donde dio sus primeros pasos, pero la fotografía tomó especial importancia cuando detectaron que su madre tenía cáncer de tiroides. “Ella estaba confrontada ante la muerte. Ahí cambio mi perspectiva de vida. Fue el detonante, por el temor a la muerte y al tiempo que uno tiene como ser vivo, partiendo de la idea de que, al captar un momento, éste puede ser eterno en una imagen. Creo que me favoreció mucho porque empecé a buscar momentos milagrosos que no suelen ser captados, porque se consideran habituales y rescatarlos en una imagen”. Así, cogió una cámara y empezó a coleccionar estos instantes, mundos alternos que se pasan de largo.
La serie repasa el transcurso de su vida, donde destaca detalles y espacios de su entorno, La Paz, haciendo hincapié en las personas que ve en esos momentos. “Al comienzo uno no se acerca ni se identifica con lo que le es extraño, pero con el tiempo aprende a ver más allá, a conectar con esos detalles que pueden pasar desapercibidos, como las personas, sitios, detalles, figuras, rostros… Eso es lo que quiero rescatar de esas personas que están bajo la sombra”, explica el fotógrafo.
Los retratos abundan no solo en esta serie, sino en su producción en general. Se detiene a retratar tanto a los artistas de un concierto callejero como a los espectadores; así como a quienes lanzan agua y espuma en Carnaval, y a sus víctimas. “Pienso mucho en lo espiritual de cada toma, pues trato de no solo retratar lo físico, sino de abocarme más a la esencia de una persona. No siempre podemos observar a las personas como si fuéramos nosotros mismos, por eso trato de conocer al otro en imágenes, es esa búsqueda de identificarnos con la otra persona, que nos ayude a entender quiénes somos y generar un lazo. No estoy disparando con la cámara, sino con mi espíritu, mi cultura, mi ser”.
Por eso, su objetivo es plasmar su vida y su alma en las imágenes que capta. “Espero poder evolucionar más en la fotografía, poder darme el lujo de expandir mis horizontes y documentar, retratar esos espacios mágicos que el mundo nos ofrece”.







