Comenzó como una inquietud, pero la fotografía se ha transformado en una pasión y una forma de vida. El interés de Lucía Mariana Bueno Cusicanqui, de 23 años, nació explorando los contenidos de la carrera que estudia, Diseño Gráfico, donde aprendió lo básico sobre imagen, pero con los años mejoró su técnica. “La fotografía me abrió los ojos a una nueva manera de ver la vida, empecé a disfrutar cada disparo, cada pequeño detalle de la planificación, la sesión y la edición. Para mí no es solo un hobby o un trabajo, sino que la fotografía es terapéutica y sanadora”, explica la joven que en estas páginas comparte algunas imágenes de tres de sus series: Retratos, Flores y Año Nuevo Aymara.
Esa fuerza sanadora impactó muy fuerte en su vida. “Desde pequeña siempre me sentí muy atraída por la naturaleza, solía recoger piedras de formas y colores únicos que guardaba en casa, y tener la conciencia por cuidar el medioambiente pasé a amar la perfección de la naturaleza. A esto se suma que, a muy corta edad, un trastorno alimenticio tomó mi vida y en el último tiempo canalicé mis emociones, precisamente, a través de las flores, el amor y la naturaleza, para ayudarme a batallar con este mal. Cuando conjugo estos tres elementos en la fotografía consigo la fórmula que me inspira a crear”.
La artista asume cada fotografía como un reto. “Cada lugar que será fotografiado, cada persona, el clima y el propio estado de ánimo del fotógrafo representan siempre un desafío. No debemos perder de vista que la fotografía, sin importar el género, es una expresión artística, por tanto, cada toma es única y demanda un proceso creativo especial. Por eso considero que uno de los desafíos más grandes es superar tus propios límites —creativos, mentales y emocionales— para romper con lo tradicional y lo que ya se ha visto”.
Como su trabajo es un experiencia liberadora, eso mismo es lo que busca transmitir: libertad, nuevas formas de mirar y entender la vida, algo que genere curiosidad o sorpresa, que active las emociones o, simplemente, la capacidad de ver la belleza que se esconde en todo lado.
Para enfrentar una sesión, Bueno busca inspiración en los momentos de mayor felicidad y también en los de mayor tristeza. “Esto me permite desarrollar mucha sensibilidad, no solo con lo que pienso, sino con lo que siente mi cuerpo”.
Conocedora del trabajo de otros artistas a los que admira, la joven aplica estos saberes para estructurar sus ideas en un tronco e ir organizando, a través de sus ramas, una lluvia de ideas. “También hay fotografías que simplemente nacen en un momento de inspiración instantánea”.
Luego de la sesión, edita las imágenes a su gusto, pero sin que pierdan su esencia, pues para la autora es clave que las fotos se vean naturales. “Casi nunca uso flash, pero sí juego mucho con la iluminación natural y artificial. También utilizo mis conocimientos sobre color y también me dejo llevar por la música que escucho cuando trabajo en ellas”.
Se puede apreciar el trabajo de Lucía Bueno en la cuenta de Instagram Wabi-sabiluu. “Mi objetivo es seguir aprendiendo, mejorando mi técnica y creando. Probar y desechar es clave en el proceso de aprendizaje. Tomar fotos está en mi ADN. Este año concluyo mi carrera, y conjugar el diseño con la fotografía me invita a pensar en nuevos proyectos. En lo personal, también estoy muy enfocada en remontar mi salud mental, es un proceso que cuesta mucho, pero se puede sanar y renacer”.







