“Los niños como Pedro no les temen a los lobos”, resuena en un auditorio lleno de la Feria del Libro. Los niños miran con asombro mientras la narradora sigue la música de la orquesta con el cuento. El clásico Pedro y el Lobo conquista al público de la sala.
Este es uno de los cinco conciertos para niños de este año. Los músicos con gorros de animales, las luces del escenario y los gestos de la narradora parecen haber eliminado la barrera entre el público y la orquesta, muy por fuera de los serios protocolos de un concierto sinfónico típico. Esta es la apuesta de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), que este año realizó más conciertos educativos que en los últimos 10 años juntos. La soltura y atractivo que ve el público no son tan sencillos: la preparación, ensayos, coordinación y presentación final requieren una enorme dosis de compromiso y dedicación, pero ahí es donde sucede la magia. Combinar autores como Brahms, Ravel o Beethoven con una explicación sencilla pero impactante es uno de los logros en estos conciertos, así el público puede escuchar activamente una obra que parecía imposible y, por qué no, tal vez cambiarles la vida a algunos en el proceso.

El ambicioso proyecto educativo de la OSN ya lleva varias presentaciones, en las cuales llegar a los niños es la tarea primordial. Estos últimos años, la función educativa y social de la OSN fue muy descuidada, así se perdió su contacto fundamental con la sociedad. Por eso, democratizar la música es ahora parte fundamental de su temporada. Los conciertos educativos y las presentaciones gratuitas forman parte de esto, la gran recompensa son las voces de los niños con las preguntas de la narradora y la emoción del público con las morenadas. “Esperamos ayudar en la formación del público joven, educar la sensibilidad en la música es una de las tareas fundamentales de la OSN… y obviamente esto no da frutos inmediatamente”, menciona Weimar Arancibia, director de la OSN, es justamente por eso que la orquesta ve necesario este proyecto a largo plazo.

Este proceso de democratización y formación parece tratar de levantar vuelo en contextos adversos. Conciertos de temporada llenos y no tanto alternan con conciertos gratuitos de gran alcance. Dentro de este repertorio variado, el público puede esperar una propuesta artística sólida. El punto de unidad en la temporada 2022 es la interpretación de las cuatro sinfonías del compositor Johaness Brahms. La denominada Integral de Brahms contó con Arancibia abriendo el ciclo con la primera, los directores Sebastiano de Filippi (Argentina) y Ramiro Soriano con la segunda y tercera. Esta dinámica de directores invitados nos muestra distintas perspectivas artísticas, creando un diálogo emocionante, donde la personalidad de cada director inevitablemente transforma la interpretación de la orquesta, cuestionando los límites y convenciones que suelen ser tan comunes en los paradigmas de la música “clásica”.

La adrenalina del concierto es parte fundamental de una presentación en vivo, más aún cuando se trata de una obra nueva. Por eso, la apuesta por lo boliviano es una parte fundamental de esta nueva gestión. Todos los conciertos realizados en el Centro Sinfónico (hogar de la OSN) presentan al menos una obra boliviana. Desde piezas para ensambles reducidos hasta obras complejas para orquesta completa, como la que se estrenará este 21 y 22 de septiembre: Inti – Killa. Será un concierto muy importante para esta temporada, con dos obras especialmente complicadas: las Danzas sinfónicas de West Side Story y la Obertura Fantasía Romeo y Julieta de Tchaikovsky. El musical norteamericano es una adaptación moderna de la famosa historia de amor de Shakespeare, ambientada en una Nueva York de los años cincuenta, donde los ritmos latinos juegan con las armonías de jazz, creando una sonoridad nueva y atractiva para el público de la sinfónica. Ambas obras comulgan la música con la literatura. De esta forma, las sonoridades de la orquesta alternan simbolismos y transformaciones que crean una narrativa. Al otro lado del concierto, se encuentra Inti – Killa, obra de Gastón Arce escrita para la OSN, que no busca crear tramas a través de figuras retóricas, sino conectarse con el oyente a través de sensaciones. En palabras del compositor, “Inti – Killa es un universo sonoro que sintetiza el sentir del mundo andino, la dualidad hombre y mujer, sol y luna”. Este estreno se suma a las 70 obras nacionales interpretadas en lo que va del año, un récord histórico para la orquesta. Continuando con sus invitados internacionales, la OSN contará con Thierry Miroglio, afamado percusionista francés que llega a Bolivia especialmente para esta ocasión.
Es de esta forma que “la sinfónica” busca replantearse como una institución renovada, lidiando con el desafío de mantenerse vigente en el siglo XXI, conservando las tradiciones y buscando nuevas fronteras en la construcción de una identidad artística propia.







