domingo 14, junio 2026
ANÚNCIATE
SUSCRÍBETE
HEMEROTECA
No Result
Ver todos los resultados
La Razón
Logo Escape Logo Marcas Logo Animal Político Logo Energías y Negocios
  • Portada
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Nuestros Productos
    • Marcas
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto
La Razón
  • Portada
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Nuestros Productos
    • Marcas
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto
No Result
Ver todos los resultados
La Razón
No Result
Ver todos los resultados

Dos llamitas para Miguel Hernández

Un paseo por Alicante, la tierra que vio nacer y morir al poeta. Una visita a la casa familiar en Orihuela y al cementerio municipal de la capital alicantina

Dos llamitas para Miguel Hernández

Por estos cerros pastaba sus cabras el poeta, su primer poema publicado titula 'Pastoril'

Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en WhatsappCompartir en
Por Ricardo Bajo H.
La Paz / octubre 9, 2022
en Escape

Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré”. La frase está en un buzón. Y el buzón está junto a la tumba del poeta Miguel Hernández Gilabert en el cementerio municipal de Nuestra Señora del Remedio de Alicante, España. No he traído ninguna carta en este verano abrasador pero sí han viajado conmigo desde La Paz dos llamitas. Dejo una junto al buzón y otra sobre la blanca lápida que dice así: “Libre soy, siénteme libre, solo por amor”.

El poeta Juan Carlos Orihuela visitó este cementerio hace más de 40 años, recién muerto el dictador. La tumba no era la misma. Era el nicho 1009 y no había poemas ni buzones, ni epitafios, ni flores. Tan solo dos fechas y una palabra junto a su nombre y apellido, “poeta”. En 1952 el cuerpo del genial poeta oriolano, muerto en la enfermería del Reformatorio de Adultos de Alicante estuvo a punto de terminar en una fosa común pues la familia de Miguel no podía pagar el alquiler. La causa oficial de su fallecimiento fue tuberculosis. La real, pura venganza, odio en estado puro. El poeta comunista había tomado las armas, las de verdad y las otras más poderosas, las palabras.

En la larga noche de la posguerra, un grupo de escritores y amigos recaudó 2.042 pesetas para evitarlo. Una recolecta entre intelectuales vascos, liderada por el poeta donostiarra Gabriel Celaya, mandó 585 pesetas junto a un poema dedicado a Miguel Hernández. A Celaya —el autor de La poesía es un arma cargada de futuro— le acusaron de organizar un “socorro rojo”. Hoy esas cartas para salvar la tumba están en la Fundación Cultural Miguel Hernández en el pueblo alicantino de Orihuela, su tierra natal.

 class=

“Aquí retiramos las flores para Miguel Hernández”, le dijeron al “Lorito” Orihuela cuando visitó el nicho a pie de suelo. Hoy la tumba de un bello mármol blanco —donde también descansan su compañera Josefina Manresa y su hijo Manolillo— está siempre llena de rosas rojas, claveles blancos, banderas republicanas, piedras y cientos de cartas que dejan a diario los seguidores/admiradores del poeta. Han pasado ochenta años (1942-2022) de la muerte y Miguel sigue más vivo que nunca. Tenía razón Neruda cuando dijo que Hernández “desapareció en la oscuridad” pero debía ser recordado “a plena luz”.

En las paredes de su celda, cuenta la leyenda, Hernández nos deja su último escrito: “Adiós, hermanos, camaradas, amigos / despedidme del sol y de los trigos”. Miguel, como lo llaman los amigos de ayer y hoy, escribió una de las cimas de la poesía en castellano en las cárceles durante los tres años que estuvo preso (mayo de 1939 a marzo de 1942), casi siempre gravemente enfermo.

Su último poemario titula Cancionero y romancero de ausencias (con sus 110 poesías). En los momentos de mayor oscuridad, aislamiento brutal y derrota (tras el golpe de Estado de Franco y posterior guerra civil), Hernández —con el dolor añadido de la muerte de su primer hijo y la ausencia de su compañera perseguida— condensa todas las heridas; las del amor, las de la muerte y las de la vida. Su libro Viento del pueblo lo ha convertido en un escritor connotado tras sus inicios poéticos como pastor de cabras en las montañas alicantinas. Sus lecciones sobre derrota y dignidad van a inspirar a muchos, entre ellos al “Che” Guevara cuando pide endurecernos sin perder la ternura. Miguel Hernández transmite el significado verdadero de la libertad, la mejor manera de mirar a la muerte y a la enfermedad, la estrategia ideal para luchar contra la adversidad sin perder de vista nunca el amor, la solidaridad y la ternura frente a los que siembran cizaña para cuidar sus dineros.

A la casa natal del poeta, convertida hoy en museo, se llega por una calle junto al cerro donde hoy viven gitanos y gentes de barrio en la parte alta de la ciudad. Afuera huele a marihuana. Adentro, a flores. En una calle cercana leo un “graffiti” en valenciano: “Fora nazis dels nostres barris”. En una pared blanca dentro de la casa unas alas posan para la foto con una frase del poeta: “Solo quien ama, vuela”. En los balcones aledaños, trapos blancos cuelgan con sus poemas: “Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca”. En la esquina, hay otra pintada: “A nosotros nos ha hecho poetas la vida, nuestro destino es parar en las manos del pueblo, los poetas somos vientos del pueblo”. En el siguiente balcón con persianas bajadas por “la calor”, otro deseo: “Querer, querer, querer, esa fue mi corona y esa es”.

En su casa, una exposición permanente regala al visitante poemas escritos a mano, con tachaduras. Me estremece su letra en Eterna sombra. También leo dedicatorias en el libro que está en la entrada. La que dejó Eduardo Galeano el 3 de mayo de 2003 dice así: “Gracias por esto. Yo siempre quise estar aquí. Y estando reconozco este lugar donde estuve sin estar estando: las palabras que me hicieron, el barro que soy”. 

 A unas cuadras de allí leo dos anuncios pegados en la calle. Uno es de un boliviano, de profesión enfermero. Se llama Miguel Ángel y busca trabajo. “Considero que soy una persona puntual, responsable, educada, honesta y empática. Tengo muchas ganas de trabajar. Me ofrezco para cuidados de adulto mayor, acompañamiento en compras y paseo de perros. Trabajo por horas, media jornada y jornada completo”. Me pregunto en voz baja: ¿sabrá este compatriota que vive en el pueblo que vio nacer al “poeta del pueblo”? En el balcón que cuelga, otra tela blanca habla del presente desde el pasado: “Tristes guerras, sino es amor la empresa. Tristes, tristes”.

En el mismo tablón se anuncia la presentación en el Auditorio de la Lonja de Orihuela de un libro que titula Camionero, poeta y trovero: obra poética completa, 1965-2020 de Manuel Sabater López, editorial Círculo Rojo. En la tapa se ve a Manolo, nacido en una pedanía de Orihuela, delante de su camión llamado “Sabater”. Confiesa el camionero que la poesía le ha salvado la vida porque le mantenía despierto en la ruta cuando sus ojos luchaban para no cerrarse. Atravieso un paso de cebra y leo entre blanco y blanco: “¿Quién encierra una sonrisa? ¿Quién amuralla una voz?”. Fuera de la lonja, hay más poemas en los balcones, todos firmados con dos iniciales M.H.: “Sangre que nos desborda, juventud que no se atreve, ni es sangre, ni es juventud, ni relucen, ni florecen”. 

Vuelvo a la casa de la esquina con establo para cabras y repaso su militancia en el Partido Comunista, su presencia en la 11ª División durante la batalla de Teruel, sus poemas de guerra para las tropas antifascistas, su intento de fuga hacia Portugal, sus 30 años de condena por defender la democracia y la libertad de pensamiento, su viaje a la URSS y su parada en Járkov, hoy ciudad bombardeada, su boda en plena guerra, su amistad con el peruano César Vallejo al que conoce en el Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Entonces cierro los ojos y me imagino que en una de esas jornadas de la esperanza de aquel 1936 se cruzan en los pasillos de Valencia, Nicolás Guillén, W.H. Auden, Vallejo, Alberti, Huidobro y Miguel. Y que Octavio Paz apenas se asoma, solo escucha porque anhela cruzarse con Antonio Machado mientras mira de reojo a una joven María Zambrano.

Me detengo frente a la primera edición, publicada en Buenos Aires, Argentina, del “Cancionero y romancero de ausencias” (considerado hace tres años por el también poeta Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, como “uno de los grandes monumentos a la dignidad humana”). Toco la tapa negra del vinilo que Joan Manuel Serrat sacó en 1972 titulado simplemente Miguel Hernández y escucho las Nanas de la cebolla y ese piano. Y esa voz tan inconfundible del cantautor catalán que ahora gira por el mundo para despedirse: “En la cuna del hambre / mi niño estaba. / Con sangre de cebolla / se amamantaba/ Pero tu sangre / escarchaba de azúcar / cebolla y hambre”. El poema es la respuesta a una carta de Josefina enviada a la cárcel donde cuenta que solo tienen pan y cebolla para comer.

Cuando nos vamos de la parte alta de Orihuela para bajar a sus playas, 30 kilómetros hacia el mar, leo mensajes para futuras batallas que vendrán: “Una gota de pura valentía vale más que un océano cobarde”. “El odio se amortigua detrás de la ventana. Será la garra suave. Dejadme la esperanza”.

Las llamas abren el camino, por difícil que sea el camino. También señalan la ruta hacia senderos de otro tiempo. Son luces, son faros para llegar a las tierras/islas de otros mundos que están en éste. Cargan los mensajes de las tierras de abajo hacia nuestras alturas. Nos ayudan a transitar el mundo sin culpa y dolor, nos traen palabras enterradas del ayer. He dejado dos llamitas en la tumba del poeta pastor y sus poemas/arengas. Ellas van a iluminar la noche cuando Miguel sienta desfallecer de nuevo. Ellas van a devolvernos las lecciones de sangre obrera, van a cantar aquellas palabras que humanizaron las cosas, que cuidaron del otro, que nos enseñaron a no ser fieras, que defendieron la risa frente al abismo. Es entonces cuando el poeta cumple la promesa del buzón y nos escribe desde abajo para comprender la revolución que llega, como rayo de lucha que no cesa: “No los levantó la nada/ ni el dinero, ni el señor, /sino la tierra callada,/ el trabajo y el sudor”. “Lorito”, he vuelto a colocar las flores en la tumba de Miguel, las flores que dejaste y se llevaron.

Fotos: Ricardo Bajo H.

en tendencia: EscapeMiguel Hernández

Noticias Relacionadas

Harry Styles: la ‘Apertura’ y madurez de un popstar
Escape

Harry Styles: la ‘Apertura’ y madurez de un popstar

enero 24, 2026
Sandokan: más que una serie, un fenómeno generacional
Escape

Sandokan: más que una serie, un fenómeno generacional

enero 24, 2026
‘Sinners’ lidera la carrera por los Oscar con 16 nominaciones
Escape

‘Sinners’ lidera la carrera por los Oscar con 16 nominaciones

enero 24, 2026
La melancolía del territorio en la novela ‘Tal vez, un día’
Escape

La melancolía del territorio en la novela ‘Tal vez, un día’

enero 24, 2026
Federico García Lorca: la poesía imposible
Escape

Federico García Lorca: la poesía imposible

enero 17, 2026
Batman 1966: la reinvención del superhéroe televisivo
Escape

Batman 1966: la reinvención del superhéroe televisivo

enero 17, 2026

Noticias más vistas

Plugin Install : El widget de publicación popular necesita JNews - View Counter para instalarse

La Razón, medio de comunicación digital líder en noticias de Bolivia y el mundo, conecta a su audiencia a través de todas las plataformas digitales. Con una sólida presencia en redes sociales, programas de streaming innovadores, y el revolucionario e-paper, nuestro periódico digital inteligente, ofrecemos información confiable, ágil y al alcance de todos.

Síguenos en redes sociales:

Facebook
Twitter
Youtube
Instagram
TikTok
LinkedIn
Twitch
Threads
Whatsapp

Dirección: Colinas de Santa Rita s/n,
Alto Auquisamaña (Galpón de La Razón)
La Paz - Bolivia

Correo electrónico:
[email protected]

WhatsApp:
+591 71560184

© 2021-2025 COMUNICACIONES EL PAÍS S.A (Desarrollo web Arcadia SRL)

No Result
Ver todos los resultados
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Suplementos
    • MARCAS
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto