Hacia el centenario de Manufacturas Textiles ¿Con qué sueñan los hombres que no le tiene miedo al fracaso?
En la historia abundan las personas lo suficientemente audaces como para soñar con imposibles y triunfar.
El italiano Herminio Forno Canale era uno de esos personajes que soñaba con hacer lo inalcanzable, y un día sus fantasías se convirtieron en una realidad para Bolivia.
Herminio dejó su natal Biella en Italia y se embarcó a Latinoamérica a principios de 1900; siglo nuevo, vida nueva, metas nuevas.
Tenía un objetivo muy grande que cumplir, quería continuar con su legado familiar, pero a mayor escala.
Él soñaba con ser un industrial del rubro textil, pero no solo eso, buscaba ser un pionero; él quería fundar industria.
Es así que en 1923, tras muchos esfuerzos, a sus 47 años logró instalar en La Paz, Bolivia, la primera Fábrica Nacional de Tejidos e Hilados.

Hacia el centenario
La fábrica empezó a funcionar en tres galpones a orillas del Choqueyapu en los predios de la hacienda de Achachicala, al pie de las montañas andinas.
Su sueño prosperó, los casimires de Forno se vendían cual si fueran marraqueta caliente.
La fábrica crecía, se contrataron más obreros, se compró más materia prima, se manufacturaron más productos. Y Herminio cumplió su meta.
No solo eso, sino que inspiró a otros hombres que querían ser como él.
Y así nació la sana competencia con la creación del Lanificio Boliviano Domingo Soligno, Manufacturas de Algodón Said&Yarur y la Fábrica Nacional de Sedas.
En 1927 Herminio murió a los 51 años, pero su sueño trascendió.
Su herencia creció de manera tal que Manufacturas Textiles Forno S.A se transformó en un hito para la industria textil de La Paz.
Además de que significó un impulso para la arquitectura y el urbanismo, y fueron un modelo para la implementación de políticas laborales que aseguren el bienestar de los trabajadores y obreros.
Sin embargo, muy a pesar de sus esfuerzos por mantenerse a flote, las condiciones económicas, políticas y sociales del país significaron el hundimiento de la fábrica.
A inicios de los años 90 el sueño de Herminio se empezó a consumir hasta apagarse totalmente a finales de esa década.
Pararon sus telares y cerró para siempre la fábrica donde se había inventado la famosa frazada de tropa, presente en todo hospital y en todo cuartel.

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Pena
Fue una pena amarga, pues a lo largo de décadas con sus telas se vistieron los soldados que lucharon en la Guerra del Chaco, los Colorados de Bolivia, y cientos de funcionarios públicos.
También banqueros, estudiantes y obreras, sin mencionar a quienes fueron abrigados por sus mantas y mantillas.
Después de vender la última de sus máquinas para liquidar hasta al último de sus asalariados, además del recuerdo de un sueño industrial, quedaba el gran patrimonio arquitectónico.
Que se construyó en el transcurrir de los años.
Tras despedir los días de gloria alcanzados durante el siglo XX, los bisnietos de Herminio impulsaron la creación del Grupo Forno.
Una empresa de almacenamiento y logística que responde a la carencia de espacios para el resguardo de mercadería, dadas las limitaciones espaciales que tiene La Paz como ciudad.
Roberto Forno Gisbert, actual gerente general del Grupo Forno y bisnieto del fundador de la fábrica, lleva lo visionario en la sangre, y también tuvo un sueño: la recuperación de la memoria.
En ocasión del centenario de la creación de la empresa, él consideró pertinente invertir en la preservación de los recursos documentales que aún existen en el interior de la exfábrica.
Para así crear un archivo histórico y escribir la historia de esta empresa que empezó con un hombre que soñaba con imposibles.

Archivo
El sueño de crear un archivo fabril tomó forma cuando la directiva del Grupo Forno se puso en contacto con Tatiana Suárez Patiño.
La especialista en conservación de bienes culturales y divulgadora de patrimonio.
Ella armó y coordinó un equipo multidisciplinario para realizar varias tareas.
Por un lado, la preservación de los recursos documentales y los bienes muebles, y por otro lado, iniciar un proyecto de investigación para recuperar la memoria generada durante estos 100 años.
Pedro Aliaga Mollinedo, historiador y rescatiri de archivos, asumió la codirección de este equipo de trabajo.
Implementó el tratamiento archivístico para identificar, clasificar y describir la documentación histórica.
Para establecer el cuadro de clasificación con las series, subseries y unidades de este Archivo.
Por otra parte, el arquitecto Darío Durán Sillerico trabajó como el especialista en mapas, planos y patrimonio industrial edificado.
Se dedicó a recabar información sobre los procesos constructivos y las fechas de construcción del complejo industrial.
Así como de sus demás edificios complementarios y de la historia del espacio en su contexto geográfico y social.
Testimonios
Durante el proceso de catalogación e investigación de los documentos se encontraron valiosos testimonios de los propietarios de las haciendas de Achachicala, y las industrias que se fueron estableciendo en las riberas del río Choqueyapu.
Por ello, se resolvió postular parte de esta documentación al Fondo Concursable Municipal de Promoción al Desarrollo, Salvaguarda y Difusión de las Culturas y las Artes 2022 (FOCUART).
Para así compartir y conservar la información inédita que se encontró durante los trabajos previos gestionados por el Grupo Forno desde agosto del 2021.
Entre julio y octubre de este año, como resultado de la alianza entre el Grupo Forno y el municipio a través de este fondo concursable.
Se logró catalogar, inventariar y conservar 1.325 fojas de archivo, 5 planos, 6 álbumes de fotos, 116 unidades fotográficas y 29 negativos en placas de vidrio.
Pertenecientes a la serie Títulos de Propiedad Achachicala y la Colección Fotográfica.
También se realizó la construcción de sistemas de protección para el almacenamiento y manipulación de los bienes.
De esta manera, una pequeña porción del Patrimonio Industrial Fabril paceño se mantendrá para las siguientes generaciones.
¿Con qué sueñan los hombres que no le temen al fracaso?
Aspiran con trascender el cuerpo y habitar el futuro, anhelan partir las aguas para crear un antes y un después, buscan que su nombre sea sinónimo de calidad durante un centenario y más.
Con la creación del Archivo Grupo Forno será posible prolongar este sueño, que tantas alegrías y progreso le ha causado a Bolivia.
Será posible conservar aquella memoria compartida del pasado industrial de la ciudad de La Paz.
Texto y fotos: Tatiana Suárez Patiño, Pedro Aliaga Mollinedo, Darío Durán Sillerico







