Erika Ewel (Santa Cruz, 1970) es una de las más talentosas y prolíficas artistas trabajando hoy en Bolivia, reconocida en el ámbito nacional ampliamente y muy requerida por los coleccionistas bolivianos. En su trayectoria de 30 años de producción creativa, Ewel ha demostrado desteridad e innovación como creadora, moviéndose con facilidad a través de diversidad de materiales y medios, desde el collage hasta la pintura y el bordado. Es con esa misma facilidad que Ewel nos plantea transportarnos de un espacio síquico interior al espacio doméstico y a la expansión cósmica del universo.
Erika Ewel
Ewel se formó en Belo Horizonte en Brasil y en la Ciudad de México, ciudades en las que ha adquirido la capacidad técnica que luce hoy impecablemente. Y, sin embargo, hoy, y cada día más, su obra se apoya en una intuición que no se aprende en ninguna escuela y que devela sus procesos creativos. Es notable la trayectoria que se anota a través de la serie de tres libros que ha podido publicar junto con Susana Machicao e Isabel Navia (La Paz: Artes Gráficas Sagitario, 2009, 2014 y 2022).
En sus palabras: “Estos libros nacen como una necesidad personal de organizar y catalogar mi trabajo. El primero abarca la producción de 1991-2009; el segundo, 2009-2014, y el tercero, 2014-2022”.
En estos tres tomos podemos trazar dos motivos dominantes en estas más de tres décadas de trabajo: la conexión entre el cuerpo y el paisaje y la tensión que su trabajo presenta entre una epistemología artesanal y el consumo tecnológico de nuestros tiempos. Ewel se inserta con este cuerpo de trabajo en diálogos intergeneracionales con otras feministas americanas como Frida Kahlo, Martha Rosler, Ana Mendieta, y Kiki Smith. Todas ellas inspiradas en la inversión de los espacios domésticos donde prevalecen las imperaciones del yo por encima de la norma doméstica o incluso la familiar. No es coincidencia que el título de la última exposición que se presenta en Puro galería (Enrique Peñaranda 1034, San Miguel) cite verbatim a la célebre escritura de Frida Kahlo: Pinto flores para que así no mueran.
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Es así que su obra cobra año a año una mayor importancia. Los coleccionistas que en el pasado han acumulado su obra explican algunos de los motivos por los que la han adquirido.
Diego Guzmán de Rojas, nieto de uno de los más reconocidos pintores del modernismo, es uno de ellos y describe cómo comenzó a adquirir piezas de arte en general: “No estoy seguro de que la palabra ‘coleccionar’ aplique a mi caso. Desde pequeño he estado expuesto al arte gracias a la herencia familiar y ello ha motivado en mí una pasión por el arte en sus diferentes disciplinas, pero en especial por la pintura y las artes plásticas”.
Guzmán de Rojas recuerda, en sus primeros intentos como artista, que a los 15 años de edad se animó a exponer una serie de pinturas a lápiz y pastel en la plaza Humbold. “Aquel domingo de 1989 pude compartir con artistas que me contaron anécdotas e historias de vida y aquella experiencia quedó grabada en mí. Entendí lo valientes que son los artistas en perseguir su pasión y seguir su camino, desde ahí es que, cada vez que tengo la posibilidad, apoyo a los artistas adquiriendo alguna obra que me guste. Sé por experiencia propia que para un artista no existe mayor satisfacción que ver la expresión de alguien que aprecia y gusta de su obra y hace el esfuerzo para adquirirla y darle un lugar en su espacio personal. Con los años, y bajo este principio de colaboración, es que hoy disfruto de una serie de obras de arte que dan vida y visten varios de los ambientes de mi hogar y oficina”.
Sobre la posibilidad de comprar piezas de Ewel en particular, el coleccionista remarca la diversidad de la prolífica autora: “Tengo varias de sus obras, Erika Ewel es una gran artista con facetas muy lindas. He tenido la suerte de estar en el momento justo para poder hacerme de algunas de sus obras más lindas. La favorita en la familia es un cuadro de la serie de flores, un cuadro de 1,80×1,80 que muestra una perspectiva de un arbusto lleno de flores blancas. El centro del cuadro te absorbe, dando la sensación de que te llevará a otra dimensión, tal como si fuese el portal al país de las maravillas. Es una obra magistral que fue amor a primera vista”.
Otra coleccionista, que guarda su identidad, comenta que su motivación principal para adquirir la obra de Ewel es que la artista ha logrado “reconocido prestigio”, además de que sus cuadros “son un referente del arte contemporáneo boliviano”.
En conclusión, el trabajo sostenido de Ewel nos interpela en temas que atañen al arte feminista latinoamericano y que ha logrado una trayectoria de amplio reconocimiento local que ha convencido a diferentes coleccionistas de adquirir una obra que tiene la cualidad de revalorizarse año tras año.







