Más de 200 cartas respondieron a la convocatoria del Club de Lectura de La Paz. La consigna: enviar una carta de amor. Fue así que con el apoyo del Café Retrato nació esta primera versión de una idea que cada día va generando nuevas expectativas y sumando apoyos: el Concurso Nacional de Cartas de Amor.
El objetivo del Club de Lectura de La Paz, el convocante de la iniciativa, es recuperar el género epistolar en tiempos de redes sociales, chats y mensajes de audio. “El certamen busca motivar la escritura creativa mediante la revalorización de una práctica que se está perdiendo como es la escritura de cartas”.
Una carta de amor
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El primer lugar fue para la comunicadora social y poeta Cecilia Terrazas Ruiz, cuya carta reproducimos en esta página. El segundo lugar fue para Anelís Díaz Ríos, el tercero para Gloria Cristina Apaza Chuquimia y las menciones honrosas recayeron en: Marcelo Alejandro Aguilar Mendoza, Mariana Uscamaita Ibáñez, Claudio Andrés Tejada del Carpio, Adriana Narda Arias Shaw, Sandra Carola Escobar Canelas, Brittany Vida Lara Ramos y María Fernanda Jerez León. La siguiente versión se anunciará en estos días.

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Ignacio, el de todos los atardeceres:
Dicen que las cartas de amor son también cartas de despedida. Quizás porque no hay muestra de amor más grande que la nostalgia, esa que se pronuncia padeciendo cada letra y estremeciendo los sentidos hasta confluir en una sonrisa invertida, empotrada detrás de los dientes. Esa, que te pone frente al espejo y te deja con vos.
¿Contarte? Hacen setecientos veintitrés días que dejé de hacer cuentas. Ahora prefiero el color de un buen domingo en la primera ventana de este café lleno de retratos, quizás porque siento que acá puedo acunar las esquinas, o esconderme para buscarte en el nudo que despunta en el lado izquierdo de mi cicatriz.
Antes de aquel día pasó todo, repicó el tun tun y solo conjuré que crezcas como el fuego, que no te falten dudas, pero tampoco fe, caminos y un lugar donde volver. El lugar sigue acá, es un poco más pálido, todavía es enero, y se parece más a lo que Tristao de Andre llama “la presencia de la ausencia” cuando habla de la nostalgia, de la saudade. Creo que al fin puedo describirla cuando pienso en el abrazo que nunca nos dimos.
Fueron muchos días de mirar detrás del vidrio, ya te dije, no hago más cuentas. Días de no escribir nada, de surcar como riada, de apretar los brazos enterrados entre las rodillas, de mirada esmerilada, de un letargo que me arrancó las palabras. Ahora puedo nombrarte “te me moriste” y aunque puedo encontrar mil formas para detestar tu silencio, prefiero decirte que eres “las primeras letras” que vuelvo a parir, una a una y en montón.
Esta no es una carta de despedida, es una carta de amor con la que te arrullo entre los cometas.
Mamá







