La pandemia fue un golpe muy duro para las tablas nacionales. Por eso, en un gesto reflexivo, el XIII Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz de la Sierra decidió levantarse por lo alto, con una pieza en que confluye el pasado con el futuro: un mapping proyectado en el frontis de la Casa de la Cultura Raúl Otero Reiche en el que se relata la evolución histórica del arte escénico en el mundo, con énfasis en esta región.
Dramatis Personae es el nombre de la puesta en escena de la Asociación de Actores y Actrices de Santa Cruz (Asadcruz), bajo la dirección de Carlos Ureña, y Cíclope Studio con la que se inició el evento bianual organizado por la Asociación Pro Arte y Cultura (APAC). El evento tuvo 86 presentaciones a cargo de 250 artistas, 100 técnicos y más de 20 sedes en la ciudad.
Óscar Diego Leaño es el director artístico del festival. Su propuesta en primera instancia fue la de reunir tanto a los teatristas entre sí como a los espectadores con los diferentes escenarios. Volver a la esencia del teatro: estar presentes.
“En términos artísticos se está cumpliendo: hemos ofrecido un festival de teatro para todos. La idea era tener una serie de propuestas que sirvieran para enriquecer tanto la vivencia de la gente que hace teatro como la del público. Es por eso que hemos tenido desde danza teatro hasta teatro costumbrista y clásico; incluso con propuestas muy especializadas, como teatro pensado para la primera infancia. Si uno revisa con detalle cada obra, se va a encontrar con que ninguna se parece a otra; de esta forma, el espectro que tengas, ya sea como artista o como público, se verá ampliado”, explica el gestor.
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La variedad de piezas ha sido un punto fuerte. Por ejemplo, Hasta pronto Santa Cruz, obra de Tucura Cunumi, combinó teatro tradicional con música: es la historia de una joven (Yovinca Arredondo) que está a punto de dejar la ciudad, pero que la reconstruye en su mente junto a un solitario trasnochador (Yovinca Arredondo y Zoran Vranjican) que con su guitarra revive temas emblemáticos.
También estuvo presente como género en crecimiento el Stand Up, con su sede por excelencia en la ciudad de los anillos: La Tuja. Figuras como Pablo Osorio, Saúl Montaño, Chichi Kim, Ariel Vargas, Anni Daher, Rafa Canedo, Alejandra Medrano, o Matole congregaron al público que sigue el género. “Es muy importante que la gente pueda disfrutar de estas instancias, ampliar sus universos artísticos”.
Esta búsqueda de nuevos públicos ha implicado también nuevos espacios. “Tuvimos funciones tanto en salas convencionales así como en lugares que rompen con la concepción de espacio escénico”, agrega Leaño. Eso es justo lo que pasó con Dos vidas. Zwei Leben, una obra sobre amistad y realidades sociales diferentes. La producción de la compañía suiza KLARA Theaterproduktionen y la Escuela Nacional de Teatro, en coproducción con Goethe-Institut (Internationaler Koproduktionsfonds), Goethe Zentrum SC, Münchner Kammerspiele, Kaserne Basel y Ballhaus Ost Berlin, se realizó en el puente ubicado frente al Swissotel, donde termina el Canal Isuto. Parte del público llegó en 50 motocicletas que partieron desde el Centro de la Cultura Plurinacional.
¿Cómo respondió el público a estas sugerencias? La respuesta ha sido diversa, apunta Leaño. Hay piezas clásicas que han tenido muy buena recepción por parte del público en general, pero que no han convencido a los especializados, y viceversa. Eso sí, el apoyo ha sido permanente y se ha visto favorecido por obras que, por ejemplo, se han dirigido a un público familiar y se han realizado en espacios más democráticos, como la calle.

Un festival sirve también para afianzar los lazos entre teatristas. Aparte de diferentes talleres y encuentros con programadores, APAC reconoció la trayectoria de la actriz, directora y dramaturga Lorena Sugier, el trabajo del desaparecido gestor cultural, director y actor Ubaldo Nallar y el apoyo a la promoción de la educación y la cultura de Fundación Solydes. A ellos se les entregó el Premio Marcelo Araúz Lavadenz. “Lorena Sugier es una artista emblemática en el teatro, el cine y la televisión; Ubaldo Nallar dejó huella y un legado que hubiésemos querido reconocer cuando estaba vivo, pero lamentablemente él se fue muy pronto; la Fundación Solydes nos ha apoyado en los momentos más difíciles y hacen que nuestro trabajo continúe”, expresó Percy Áñez Castedo, presidente del directorio de APAC.
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“Este festival nos ha servido para reflexionar: la gente había dejado de asistir a los espectáculos presenciales y este festival ha significado un reencuentro. Lo mismo para la gente de teatro, ha sido fantástico volver a comer con todos los colegas, después de no vernos durante cuatro años; nos encontramos y nos reímos. Hubo compañías que desaparecieron en este tiempo y que se volvieron a encontrar con el público”, agrega Leaño.
El telón se ha cerrado, pero el hambre de nuevas propuestas en las tablas se ha vuelto a encender en Santa Cruz.
Texto: Miguel Vargas
Fotos: Apac – Souzainfantas







