En la avenida Costanera de la zona de Río Seco, a ocho cuadras del puente Bolivia en la ciudad de El Alto, se encuentra el taller de Roberto Ramírez, un hombre de 47 años que realiza trabajos con llantas en desuso. Con un cuchillo en mano empieza a darle forma a los trabajos que salen de su imaginación.
Desde hace seis años Roberto llegó a la ciudad de El Alto, migró del municipio de Caquiaviri de la provincia Pacajes. Antes se dedicaba a la cría de ganado, pero vino a la ciudad porque la situación en su pueblo “no estaba bien” y tuvo que buscar nuevas opciones laborales para salir adelante junto a su familia.
“Yo llegué de la provincia Pacajes hace seis años y, como no encontraba trabajo, me puse a pensar en qué podía hacer. En mi pueblo, alguna vez, ya hice bañadores de las llantas para que el ganado pueda tomar agua. Entonces comencé a hacer los bañadores para vender aquí en la ciudad y me fue bien y luego empecé a imaginarme más modelos y cosas que se podía hacer con llantas”.
El artesano indicó que para conseguir las llantas va a buscarlas en los talleres de llantería y en algunas ocasiones la gente va a dejarle las llantas hasta su hogar. Ya con la materia prima, inicia el proceso de lavado y preparado del material de acuerdo con el uso que se le dará, finalmente se transforman las partes pintándolas y dándoles las diferentes formas. Entre los trabajos que realizan están los adornos de jardines y autos y los bañadores “Uno puede crear muchas cosas con este material, solo se necesita imaginación y ganas de salir adelante”, expresó.
Elmer Cruz, ayudante de Roberto, contó que llegó a trabajar en el taller por la falta de empleos que dejó la pandemia.
“Solo vine a preguntar, pero por suerte me dio trabajo, ya que por la pandemia no conseguía en ningún lado, ahora estoy aprendiendo este oficio, me está enseñando bien” dijo.
“Para realizar los cortes y darle forma a la goma se requiere de fuerza, ya que este material es muy duro. Como no contamos con máquinas, nos adecuamos a las herramientas que tenemos, gracias a Dios nos va bien y hay harto trabajo a veces nos falta hasta las manos para cumplir con todo”.
En una semana realizan entre 15 y 20 macetas con diseños variados y coloridos. Los precios están desde los 30 a 100 bolivianos, dependiendo del tamaño y modelo. “Siempre sacamos diseños novedosos para que puedan adornar los jardines de las casas y, además, con el reciclaje ayudamos al cuidado del medio ambiente”.
Las personas que quieran adquirir uno de los trabajos pueden contactarse con el artesano al número 71967917.






