Las remesas a América Latina y el Caribe crecieron 8,5% en 2017, totalizando más de $us 75.000 millones de dólares, según una investigación del centro de análisis regional Diálogo Interamericano.
El grupo de expertos destacó que este aumento supera el crecimiento económico del 1,2% previsto por el Banco Mundial para toda la región, y muestra niveles similares al incremento de las exportaciones regionales el año pasado.
Los mayores flujos proceden de Estados Unidos, pero también son importantes desde países como Chile, Costa Rica y España.
¿Por qué aumentó el dinero enviado por latinoamericanos y caribeños a sus países? La investigación apunta a varios factores: más migración, más migrantes que envían con más frecuencia y más dólares enviados por transacción.
Además, menciona las fluctuaciones en los tipos de cambio, los aumentos inflacionarios, los picos en la demanda de mano de obra extranjera, en particular en Estados Unidos, y “externalidades”, como los eventos políticos en el país de origen y el país de acogida.
En países como Haití, República Dominicana, Guatemala, Honduras, El Salvador y Colombia, que representan el 45% de los flujos en remesas, el crecimiento fue mayor al 10% el año pasado, señala.
Manuel Orozco, autor del informe y director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano, destaca el peso que tienen las remesas en las economías que las reciben. “En algunos países, como El Salvador, Honduras o Guatemala, las remesas pueden ser responsables de la mitad del crecimiento económico general. Su aumento en 2017 ascendió al 50%-78% del crecimiento total en estos tres países”, explicó. “Esto significa que el crecimiento económico general experimentado por estos países se puede atribuir principalmente al crecimiento de las remesas”.
Para 10 países, las remesas representan más del 5% de su PIB, un porcentaje que supera el 10% en los países centroamericanos y caribeños y que, en el caso de Haití, alcanza casi un 34%. El estudio advierte que el panorama político en Estados Unidos, donde el gobierno de Donald Trump muestra una dura línea antiinmigración, puede tener impactos cada vez más negativos sobre los migrantes y los países receptores de remesas.






