La recuperación de la crisis económica ocasionada por la pandemia del COVID-19 deberá considerar la eficiencia energética y evitar un “efecto rebote”, que incremente aún más la emisión de gases de efecto invernadero.
La cuarentena sanitaria impactó la actividad económica en Bolivia y el mundo, ya que la paralización de las grandes fábricas y empresas, directa o indirectamente, benefició al medioambiente con una reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y otros contaminantes del aire.
Según un estudio efectuado por el Centro Internacional para el Clima Priestley de la Universidad de Leeds(Inglaterra), publicado en la revista Nature Climate Change, las emisiones globales diarias deCO2 (dióxido de carbono), cayeron un 17% entre febrero y junio.
Sin embargo, qué sucederá post COVID-19, es decir, en la etapa de recuperación de la economía.
La especialista en el área de eficiencia energética de la Secretaría de Energía de Argentina, Sabrina Nava, advirtió que si los países no formulan y aplican políticas a corto y mediano plazo para el uso eficiente de la energía, la región y el mundo pueden experimentar un “efecto rebote”, es decir, si este año se registra una reducción favorable en 2021 puede revertirse e incrementarse drásticamente.
“Se teme un efecto rebote al igual que en 2009 (crisis financiera global debido al colapso de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos), cuando las emisiones relacionadas al sector energético cayeron un 2,2% y en 2010 se dio el mayor crecimiento histórico con un 4,5%”, dijo durante el conversatorio: “El rol de la eficiencia energética en la recuperación postCOVID19”, efectuado el 12 de agosto.
Argumentó que de acuerdo al último informe de evaluaciones del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático), dos tercios de las emisiones globales están relacionados con el sector energético.
La eficiencia energética actúa sobre el lado de la demanda y las renovables o limpias por el lado de la oferta, por tanto se debe trabajar en la primera.
Paola Sandoval, experta en desarrollo e implementación de iniciativas vinculadas a la promoción de la eficiencia energética en el sector residencial —también de la Secretaría Argentina—, señaló que los gobiernos de la región están frente a un reto global.

BOLIVIA
La eficiencia es una herramienta clave para la transición energética y en este contexto emerge como mayor potencial para lograr la recuperación de las economías, sin desatender los compromisos internacionales de cambio climático, creando nuevos empleos y brindando mejores condiciones de vida, especialmente a los sectores vulnerables, sostuvo.
“Teniendo en cuenta que nos encontramos en un contexto de fuerte contracción económica y que posiblemente la reactivación implique un aumento en el consumo energético, el rol de la eficiencia energética será central para poder sostener el crecimiento económico sin comprometer el acceso a los recursos energéticos de la población en general”, complementó.
Atendiendo una consulta de LA RAZÓN, Sandoval señaló que para el caso de Bolivia, es importante que las autoridades del sector evalúen necesidades y en función a éstas se elaboren políticas a corto y mediano plazo en materia de uso eficiente de la energía.
“Sabemos que cada país cuenta con matrices energéticas sustancialmente diferentes a las de sus vecinos pero, a su vez, en la mayoría de los casos las situaciones económicas y sociales son las que afectan con más intensidad la definición de políticas a corto y mediano plazo. Es por eso que cada Estado debe definir su hoja de ruta en lo que respecta a la transición energética, considerando su propio contexto e identificando sus potenciales específicos”.
Para cumplir ese objetivo —indicó— la cooperación internacional es un instrumento que se debe aprovechar, identificando barreras, lecciones aprendidas y potenciales líneas de acción; pero en paralelo deberá avanzarse sobre un análisis interno que permita definir los desafíos en los diferentes sectores consumidores de energía, planes de acción y métodos para llevarlos adelante.
De acuerdo al estudio efectuado por Piers Forster, profesor y director del Centro Internacional para el Clima Priestley de la Universidad de Leeds, las emisiones globales diarias de CO2 (dióxido de carbono), cayeron un 17%.
El trabajo se basó en el uso de datos de movilidad global de Google y Apple. Con esta información se calculó cómo cambiaron 10 diferentes gases de efecto invernadero y contaminantes del aire entre febrero y junio de 2020 en un total de 123 países, constando que la caída de las emisiones registró su punto más alto en abril, con el CO2, los óxidos de nitrógeno y otras emisiones que cayeron entre un 10 y un 30% a escala mundial.
El conversatorio sobre eficiencia energética pospandemia — transmitido por plataformas digitales en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua y Perú— fue organizado por la Federación Latinoamericana y del Caribe de Becarios en Japón.






