INICIATIVA
Vendedoras ambulantes de ropa, accesorios para celulares, frutas, comida, entre otros productos, se apoderan de las calles en varias capitales. El incremento del comercio informal hace temblar a los pequeños negocios que también luchan para superar la crisis.
Según datos de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), a consecuencia de la pandemia del COVID- 19 más de 400 mil personas quedaron desempleadas en el país. Estas actividades económicas informales alcanzan el 77% en el país, mientras que los negocios formales apenas un 23%.
Esta población desocupada agobiada por su situación, encontró una opción en la informalidad para generar recursos económicos, sin embargo en desmedro de algunos pequeños negocios que afirman cumplir con sus obligaciones tributarias y pago de créditos ante el sistema financiero.
Por ejemplo en La Paz, en las calles Tumusla, Max Paredes, Potosí, avenida Buenos Aires, plaza Equino, Pérez Velasco, paseo Comercio e inclusive El Prado, durante el día y la noche se observa gran cantidad de vendedores ambulantes ofertando sus productos.
Muchas de estas personas, al observar la grabadora o la cámara fotográfica de LA RAZÓN, se alejan o se mantienen en silencio, temen ser identificadas.
En un recorrido efectuado por este medio, encontramos a María Luna, dueña de un pequeño negocio de alimentos en la populosa plaza Eguino, quien nos relató que a consecuencia de la pandemia del COVID-19 sus ventas bajaron considerablemente y justo cuando empezaba a recuperarse descubrió que la competencia informal está a su lado y al frente.

COMPETENCIA. “Comenzaron a llegar vendedoras de frutas, alimentos y otros productos, y no se las puede mover. Cuando les pedimos que se vayan a vender a otro lugar nos riñen, no podemos hacer nada”, lamenta.
La preocupación de María es compartida por Ana Soto, propietaria de un negocio de venta de ropa deportiva para dama en la calle Tumusla, quien desde hace cinco años se dedica a esa labor pero observa con sorpresa cómo en la última gestión se incrementó el número de vendedores ambulantes en esa zona.
Impotente ante la necesidad que enfrenta ese sector, reconoce que tienen también derecho para ganar el sustento para sus hogares debido a la falta de fuentes laborales en el país, y aunque esa situación represente una competencia para su negocio o existan más vendedores que compradores.
“En los trabajos te piden una serie de requisitos, ni para los profesionales hay trabajo. Ahora hay más vendedores que clientela. Salen de su casa a vender por la necesidad que tienen”, dice Soto.

CRÉDITOS. “Saqué un préstamo antes de la pandemia de Bs 40.000; ahora mi cuota mensual es de Bs 1.600 y los del Banco Prodem me dicen que a esa cuota se sumará un interés de por lo menos Bs 200 por tres años”, se queja esta propietaria de un negocio de ropa deportiva.
Como Ana, son varios los pequeños prestatarios que afrontan el cobro de intereses y cuotas adicionales, que efectúan algunas entidades financieras privadas, tras concluir el proceso de diferimiento de créditos en el país.
“Mi cuota mensual antes del periodo de gracia era de Bs 800, cuando recogí mi boleta me sale que el miércoles debo pagar Bs 1.600 durante un año, esto empeoró mi situación”, se queja también Margarita Pucho, propietaria de otro negocio de comida.
Las dos prestamistas piden al Gobierno mayor control de los bancos privados, porque se aprovechan de la necesidad de la gente.







