«No en todas partes de Bolivia quedan los tejidos tradicionales, en muchos lugares son con acrílicos (con tintes sintéticos), o más decaídos, más sencillos. Entonces, esto es un ejemplo para todo el país, para que podamos levantar la gran creatividad indígena que tenemos en las comunidades tradicionales», dice la directora del Museo de Arte Indígena de Sucre, Verónica Cereceda, sobre la labor del repositorio administrado por la Fundación Asur.
Allí, la aplicación del modelo denominado «etnodesarrollo» implica un trabajo pensado en lograr la prosperidad de las comunidades y las familias, pero a través de la cultura. Se trata de una experiencia piloto en el país. Una de las fortalezas de Asur es la capacitación: sólo en enero pasado concluyeron dos proyectos con 1.000 capacitados, de los cuales 800 son adultos, hombres y mujeres formados para el trabajo profesional (albañiles, carpinteros, costureras y otros oficios) y 200 niños entre nueve y 15 años (cerámica, madera, tejidos).
«Todo el mundo recibe su diploma, todos reciben los instrumentos con los que van a trabajar», afirma. En realidad, trata de explicar un trabajo de hormigas que siempre se ha desarrollado en silencio y en lugares deprimidos del campo, ausente de publicidad.
Quizá la prueba más tangible del progreso de los campesinos, principalmente de las áreas Jalq’a, Tarabuco y Tinkipaya, sea el proyecto textilero de Asur, que ha impulsado a desarrollar su arte a más de 1.000 tejedoras de aquellas regiones de Chuquisaca y Potosí; «sin nunca decirles para dónde caminar, pero sí estimular. Estimular con materias primas, reflexiones, fotos antiguas, discutiendo qué decían las mamitas antes, cuál es su mensaje hoy».
La ley ‘no se discute’
El responsable del área de Cultura de la Gobernación de Chuquisaca, Ramiro Velásquez, se excusó de brindar una declaración sobre la decisión de esa entidad de pedir la devolución del inmueble que el Museo de Arte Indígena ocupa hace más de 20 años.
Argumentó que no estaba manejando el tema y derivó las consultas periodísticas al secretario Jurídico, Juan Pablo Yucra.
«Le hemos dado tres opciones a Asur. La norma a nosotros no nos permite dar los bienes del Estado a entidades privadas. Asur, como ONG, es una entidad privada (…), le hemos propuesto tres cosas: Una, que nos pase la administración del museo, de modo que siga manteniéndose en funcionamiento; es una de las salidas legales.
Otra, que es viable, es que pueda pasar la administración a los beneficiarios (indígenas) con los que trabaja Asur, o también podrían pasarla al Banco Central (su Fundación) y, con eso, entre entidades públicas, podría quedarse Asur ahí. Pero lastimosamente la licenciada Verónica (Cereceda) no acepta ninguna de esas opciones, entonces nosotros nos tenemos que aferrar a lo que es la normativa legal», señaló Yucra.
Aseguró que ambas partes acordaron el plazo, que se cumple el 31 de marzo, para encontrar una salida al conflicto. Según Yucra, la Gobernación no está cerrada: «No es ‘que se vayan, que se vayan’, es arreglar un tema legal, cómo vamos a justificar la cuestión legal». Ante la pregunta de que ninguna de las tres opciones contempla la continuidad de la actual administración, la autoridad respondió que «la norma no se la discute, hay que cumplirla; justamente, habíamos encontrado alternativas a que Asur siga funcionando en la Casa Capellánica. Al no querer, ¿entonces nosotros qué podemos hacer?».






