Según representantes de la industria cinematográfica chilena, la comedia revivió el sector, atrajo más público local a las salas y permitió su diversificación. El humor es utilizado como herramienta de crítica social.
De visita en La Paz, el director chileno Boris Quercia cuenta que con la dictadura militar, el cine trató de ser contestatario y apoyar la búsqueda de democracia. «Hubo mucho tiempo en el que no se hizo humor y se trató de buscar contenidos más fuertes».
Para el realizador, El chacotero sentimental (Cristian Galaz, 1999) fue un acierto. «El cine estaba de capa caída, nadie iba a las salas a ver una película chilena (…). La gente vio que podía divertirse con algo hecho en su país y ahí comenzó una secuela de comedias y de otro tipo de cine», comenta.
El actor Álvaro Rudolphy coincide y asegura que en el cine chileno «se ha diversificado mucho la temática (…), teníamos un cine muy contingente».
Para Quercia, las comedias chilenas —reunidas en un ciclo que desde ayer exhibe la Cinemateca— siempre tienen una crítica detrás. «Solamente le ponemos el punto de vista del humor porque sin él es muy difícil vivir». En ese sentido, cuenta, su cinta Sexo con amor (2003) pretende ser una radiografía de las relaciones eróticas sentimentales de la clase media.
A decir del productor chileno Pablo Díaz, la comedia «permite penetrar las masas porque es un género amable que invita a la diversión. Mediante ello, como creador, uno puede poner cierto comentario, cierta crítica o ironía».
De su lado, Rudolphy destaca que el humor «nos ayuda a reírnos de no-sotros mismos; con la comedia es más fácil reconocernos y vernos» para encontrar una identidad propia.
Chile, hasta fin de año
El ciclo de cine chileno continuará hasta fin de año en la Cinemateca. A la comedia le seguirán películas patrimoniales, dramáticas y de otros géneros.






