Aunque sólo ve sombras y formas, la estadounidense Bojana Coklyat, una artista plástica de 33 años, hizo de su discapacidad una pasión: enseña arte a niños como ella, ciegos o deficientes visuales, en Jersey City, cerca de Nueva York. Diabética, perdió la vista hace cuatro años por no haber cuidado de su salud. Debió renunciar a su trabajo en una galería de arte y dejó de pintar.
Colores. Al principio ofreció sus servicios voluntariamente. «La escuela tenía un salón precioso para las artes, pero no tenía docente», dice. Si su proposición sorprendió entonces, dos años después su aporte se ha vuelto esencial. Incluso se logró presupuestar el dinero para pagarle un salario.
En un curso reciente, le enseñó arte a once ciegos: dos adolescentes y nueve alumnos del jardín de infancia. Algunos pueden identificar algunos colores. Los más grandes han interiorizado las nociones de azul, amarillo, rojo o blanco, pero no los ven. Llegan con su bastón blanco, lo doblan y lo meten en sus vaqueros.
Bojana se mueve de un grupo a otro sin problemas. A Kevin, de 17 años, le explica que debe seguir pintando su composición de madera que comenzó la semana anterior. “¿Qué color quieres?”, le pregunta mientras toma su mano, le hace tocar la parte pintada, luego la otra, y le da el pincel. A Omar, de 15 años, le recuerda que comenzó a ilustrar las palabras “esperanza, miedo y bondad”. Omar le pide blanco para ilustrar la “esperanza”, “porque es como la claridad”.






