El perfume del futuro no se rociará sino que se podrá saborear, aseguró David Edwards, científico especializado en aerosoles, al presentar la nueva fragancia denominada The Whiff (la bocanada).
“Tiene gusto a chocolate, se rocía en la boca y con una sola inhalación da el mismo placer que un bocado al derretirse”, dijo Edwards. Tanto es así que este perfume originó una nueva rama olfativa, la de las fragancias comestibles.
Después de The Whiff llegó el turno del caramelo búlgaro Deo, que contiene un aceite de rosas capaz de emanar de los poros de la piel. Los japoneses, en cambio, inventaron la goma de mascar Fuwarinka con perfume a durazno, pero la verdadera revolución ultratecnológica se llama Swallowable Parfum y es una fragancia ingerible.
“Es una cápsula cosmética que permite a la piel aprisionar una fragancia de intensidad proporcional al estado físico y emotivo de quien la emana”, dicen sus inventores.
“La cápsula comestible encierra moléculas de lípidos sintéticos que imitan la estructura de las del cuerpo humano. Una vez ingerida, las enzimas corpóreas rompen los lípidos de síntesis dejando escapar las moléculas perfumadas encapsuladas, que salen a la superficie transformándose en microgotas durante la transpiración”.
Si bien es difícil predecir si estos perfumes futuristas llegarán al mercado, dicen los expertos, sin duda los olores tienen un papel fundamental en la vida humana porque transmiten las emociones a través de las sensaciones que evocan.






