Fresa y chocolate, la película cubana que conquistó al mundo con su canto contra la intolerancia, cumple este año dos décadas de éxito convertida en clásico, con homenajes en varios festivales y hasta una versión musical en los teatros.
La historia de la compleja e improbable amistad entre David, un estudiante provinciano, comunista y heterosexual, y Diego, un homosexual culto y escéptico en una Cuba homofóbica, conmovió al público y además llenó al filme de reconocimientos.
Entre otros premios, la cinta obtuvo el Oso de Plata en Berlín, el Goya en España y la primera y hasta ahora única candidatura al Oscar de Cuba.
La versión musical homónima será estrenada en abril por el grupo cubano Mefisto Teatro bajo la dirección de Tony Díaz, quien ha dicho a los medios locales que su pieza será capaz de sostener “un diálogo intenso” con los públicos actuales.
Fuera del debate social, Fresa y chocolate dejó asimismo varias huellas en el paisaje de La Habana. Con su nombre se inauguró en 2002 una cafetería estatal con un ambiente bohemio, justo frente a la sede del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos.






