El director, guionista y dramaturgo Michael Haneke fue distinguido ayer con el premio Príncipe de Asturias de las Artes, por una obra de profundas raíces europeas que ha conseguido convertirse en un referente del cine y que afronta con radical sinceridad problemas individuales y colectivos.
Haneke, nacido en 1942 en Múnich (Alemania), pero criado en Austria, destaca por una “original y personalísima aproximación de radical sinceridad, aguda observación y extrema sutileza a problemas fundamentales que nos conciernen o afectan individual y colectivamente”, según refleja el acta del jurado presentada ayer.
El fallo destacó la capacidad del cineasta de iluminar y diseccionar “con deslumbrante maestría aspectos sombríos de la existencia”. El autor los afronta “con extraordinaria sobriedad formal, a la vez que abre espacios a la persistencia consoladora del amor”.






