Después de su paso por el ciclo de cine peruano en la Cinemateca, Las malas intenciones de la guionista y directora Rosario García-Montero se estrena en las salas comerciales de Bolivia. Esta sólida “ópera prima” es una pequeña gran sorpresa y vuelca la mirada —desde los ojos de una niña inteligente y perturbada (convincente interpretación de Fátima Buntinx, de apenas 9 años)— sobre los años de plomo Sendero Luminoso y el terrorismo de Estado.
Los aires oscuros y opresivos junto al “tempo” pausado y el humor negro de esta joyita cinematográfica nos retratan una clase acomodada encerrada en su soledad, en una casa aislada y amurallada que a ratos me recuerda la casona de la Zona Sur de Juan Carlos Valdivia. Los paraísos artificiales repletos de héroes, batallas y derrotas de la protagonista —con padres separados— forman un universo paralelo ficcional (fantástico y surrealista) dominado por la soledad, el miedo y la muerte balsámica. Y paradójicamente, por la esperanza.
Las malas intenciones (de casi dos horas) es una susurrante invitación a disfrutar del cine latinoamericano (de mujeres) de calidad; algo poco habitual en nuestras carteleras, con más pantallas que nunca, pero avasalladas como siempre por los insufribles blockbusters gringos.
Ricardo Bajo H. es periodista






