Alejandra Álvarez Mendoza es la célebre activista armada Ulrike Meinhof, en prisión por fundar y pertenecer a la Facción del Ejército Rojo (RAF), una guerrilla urbana alemana de los años 70, también conocida como la “banda Baader-Meinhof”. Yo, Ulrike, grito… es uno de los ocho monólogos de Darío Fo y Franca Rame, pareja esencial en lo que a teatro político y comprometido se refiere. Estrenada la semana pasada, mañana viernes y el sábado, la obra —de apenas media hora— vuelve a escena en El Desnivel, de Sopocachi.
Alejandra nos susurra, resiste y enfrenta a la autoridad (y al terrorismo de Estado), como mujer, como revolucionaria. Armada con una silla, se extraña un mayor trabajo en lo escenográfico (más blancos en ese mundo oscuro y silencioso); y un trabajo actoral y poético de mayor calado.
Yo, Ulrike, grito… (bajo la dirección de Miguelángel Estellano) es una reflexión sobre la violencia, la muerte y la prohibición de pensar. Y tiene —a pesar de los pesares— un mensaje de esperanza: “pesada como una montaña es mi muerte…, ¡cien mil y cien mil y cien mil brazos de mujeres han levantado esta inmensa montaña y os la arrojarán encima con una terrible carcajada!”. Teatro feminista implacable, irreverente, irónico, tierno, rabioso… como Dios manda.
Ricardo Bajo H. es periodista.






