Sostiene Álvaro García Linera que los bolivianos leemos poco, que no somos una nación de grandes lectores. Las razones son muchas y vienen de lejos, como los cantores. Y no me hablen de plata; lo que necesitamos es amor y disciplina. No es fácil apagar la tele. El libro tiene muchos “enemigos”: la pareja, la familia más cercana, los amigos, la “caja tonta”, la flojera… El libro es celoso, nos quiere para él, todo el rato, solitos, hasta la última página. Y los mundos que nos ofrece son adictivos. Leer cuesta, cultivarse para ser más libres requiere esfuerzo y compromiso.
Son días de feria, de personas paseando entre los stands de un campo ferial inacabado. Son días engañosos de presentaciones de libros con harta gente (¿serán lectores?). Los libros resucitan a los muertos. Ayer, El camarada Enrique (libro de Cris Gonzales, presentado en la sala Óscar Cerruto) se paseó por La Paz y se burló de los militares chilenos; el militante venezolano que peleó contra Pinochet está más vivo que nunca. Y el “milagro” lo hizo un libro. Hay hartas wawas en la feria, por todo lado, correteando. Un niño o niña que lee será un adulto que piense (y sueñe) libre. Algún día, esta feria será el libro de todos los días.
Ricardo Bajo H. es periodista.






