La Escuela de Espectadores lleva diez años funcionando en Buenos Aires, una de las capitales teatrales del mundo. Se reúnen una vez a la semana, asisten casi 300 personas y entregan un premio de la crítica. En La Paz la escuela está gateando; nació el año pasado y desde este marzo se junta una vez por mes para charlar sobre obras de teatro bolivianas.
Con el apoyo del Espacio Patiño, el Fitaz y la carrera de Literatura (más el empuje entusiasta de Omar Rocha y Mónica Velásquez, que fungen como facilitadores) cada lunes una docena de personas (por ahora) elige una obra boliviana y analiza textos, puestas en escena, actuaciones, dirección…
El lunes pasado, en el Cedoal de Patiño, le tocó el turno a El pacto de Fernando Arce. A veces los responsables de las obras acuden para escuchar; otra veces, no. La idea es fomentar el espíritu crítico (tan necesario) y retroalimentarse entre los aficionados al teatro (la gran mayoría del público y de los participantes de la escuela son mujeres).
Los debates son enriquecedores y uno aprende escuchando a los demás. Sorprende también el alto nivel crítico de las participantes y las flores no abundan. Si te gusta hablar de teatro, la próxima cita, en noviembre, versará sobre la obra de radioteatro La ratonera.
Ricardo Bajo H. es periodista.






