Hay dos clases de cinéfilos: los que gustan del cine de Almodóvar y los que no. Entre los primeros, unos prefieren sus melodramas y otros, su primera época de comedias con poca pretensión. Los amantes pasajeros (2013) es la película número 19 del director español (actualmente en cartelera).
El manchego fracasa al intentar regresar a esa su primera época; sus “amantes” son un desatino con mucha “pluma”, no llegan ni a comedia ligera, ni a divertimiento gay; son un pasatiempo coral adornado con chistes facilones. ¡Qué lejos queda la acidez y la crítica de comedias provocadoras como Mujeres al borde de un ataque de nervios! El ingenio de un obsoleto Almodóvar —como maleta codiciada— se extravió en algún aeropuerto entre festival y festival. Y el tiempo no parece pasar en vano.
Ni un reparto de lujo (con Banderas, Penélope, Javier Cámara, Cecilia Roth, Paz Vega o mi querido Willy Toledo) logra levantar una película sin ritmo que entretiene únicamente a los que gustan del cine de Almodóvar en su versión light y que defrauda al resto, a los que esperábamos algo más de la capacidad metafórica y burlona de un cineasta con un gran filón: la crisis galopante que atraviesa España en todos sus órdenes. Su intento de parodia termina en un viaje a ninguna parte.
Ricardo Bajo es periodista.






