No llora, sonríe. No sufre, sonríe y, cuando tiene que hablar de Iván Nogales, el rostro de Luis Alejandro Vásquez se ilumina más. “Él vive acá”, dice y señala un edificio colorido de cuatro pisos. Allí se hacen teatro, danza y otras artes, es el legado de Nogales.
Luis Alejandro es su nombre, pero pocos lo conocen así… su nombre artístico, su apelativo de vida y guerra es Tintín (sí, como el personaje de las tiras cómicas francesas). Él es de los pocos que puede jactarse de haber conocido a Nogales. “El Ivancho buen tipo era, pero muy terco”, cuenta el joven que es parte del Teatro Trono, uno de los emprendimientos más exitosos del paceño que hizo de El Alto su ciudad. Él murió la noche del miércoles 20 de marzo.
La compañera de tablas de Tintín es Maya Cahua Laura. También es parte del Teatro Trono y una conocedora de la Fundación Compa (Comunidad de Productores de Artes). El sitio está en la Calle de las Culturas, en Ciudad Satélite. Ambos llevaron a La Razón por aquel colorido recinto artístico.
La primera parada es en el subsuelo, y hay que bajar escaleras de fierro. Entonces se abren los reinos del Tío de la mina. Estos recovecos suelen ser visitados por niños de escuelas y se les enseña cómo es el trabajo de la minería y su importancia para el país y El Alto.

- Interior. La mina es un recordatorio del origen minero de El Alto. Los estudiantes realizan visitas guiadas. Fotos: Luis Gandarillas.
Cuando se construía la mina, hace 30 años, cuenta Tintín, era una gran piscina en días de lluvia.Encima de la mina está el teatro mayor, que tiene la apariencia de ser un corral de pelea de gallos, pero más grande, el escenario está al centro y hacia arriba, como un cono de helado al revés, se ubican los asientos. Allí suelen ejecutarse las más importantes obras artísticas de El Alto y también es un escenario internacional… Los músicos del Festijazz quedan fascinados por la cercanía que hay con los asistentes, que pueden ser unos 100.
Subiendo están los salones de ensayo de baile y teatro. También hay una videoteca para unas 30 personas cómodamente sentadas.

- Idea. Una carretilla de helados convertida en boletería.
Se cuentan por decenas a los artistas que allí se formaron. Maya y Tintín estuvieron en aquellas aulas y hoy en día son dos de los custodios del sitio.
Entre piso y piso hay fotografías y pedazos de historia de La Paz, El Alto y el mundo. Un proyector, por ejemplo, que en sus buenos tiempos dicen que iluminó a Luciano Pavarotti, yace quieto cumpliendo los roles de un inusual perchero asincrónico. Las puertas de viejos micros lucen casi nuevas y parece que han renacido con nuevas funciones.

- Escena. El teatro de cámara con actores en el fondo.
En los pisos superiores del Compa hay un teatro de cámara llamado la Tronadera, más pequeño que el salón principal, mientras que en la planta alta está una habitación gigante en la cual fácilmente caben seis camas de dos plazas. Los visitantes extranjeros solían quedarse allí. Eran vecinos de la familia del teatrero.
Más cerca del cielo y más lejos de la mina, está una terraza. “¿Cómo ha traído el Ivancho esta cosa?, se sorprende Tintín al ver un carro de heladero casi intacto, de al menos 100 kilos de peso. La pieza fue habilitada como una boletería. Otra de las innovaciones son unos palcos que están unidos por rieles de la calle. En uno de estos sitios está la habitación de juego de Ivana, la hija del hombre que soñó con el Compa. Allí se sienta Maya, mira en derredor y comenta: “Este Iván se ha ido, pero no nos ha dejado”. (01/04/2019)






