Durante cuatro décadas, Miguel Alandia Pantoja fue un artista prohibido. Solo pocos elegidos vieron algunos de sus cuadros; para la mayor parte de la población él no existía… hasta ahora que se prepara una exposición con la mayoría de sus obras.
Matanzas mineras, el ejército en el poder, las dictaduras en su máxima expresión… eran tiempos en los que imperaba la bota militar en Bolivia y hubo un artista (entre muchos otros) que se atrevió a denunciar estos atropellos desde los lienzos y muros.
Miguel Alandia Pantoja nació el 27 de marzo de 1914 en el distrito minero de Catavi (en el norte de Potosí). Estudió en Oruro, fue prisionero en la Guerra del Chaco y un año después de la contienda bélica apostó por el arte. Con los años, se puso del lado de la revolución del 52.
Su hijo Miguel —quien actualmente tiene 80 años y una memoria de adolescente— recuerda que su padre hizo un mural en el Palacio de Gobierno y cuando Diego Rivera (uno de los más importantes muralistas de México) llegó al país visitó a Víctor Paz y el artista se quedó apreciando la obra del norteposotino.
En el paraninfo de la Universidad Mayor de San Andrés, ante una multitud, Rivera volvió a hablar de Alandia Pantoja y éste pareció escurrirse de timidez.
“Fuimos al hotel Sucre, donde estaba Rivera, ahí se conocieron y se hicieron amigos”, refiere Miguel.
Con aquel aval, el artista comenzó a plasmar su historia y la del país en murales y cuadros.
Además, puso su sello a las obras. Por ejemplo, trabajó con pintura de auto (piroxilina) mezcló los óleos con arena (lo cual le daba espesura a sus creaciones).
Víctor Paz salió del Gobierno y en los años 60 se instauró el régimen dictatorial que llegó hasta inicios de la década del 80.
Alandia Pantoja retrató el drama de los mineros en murales y estas piezas eran escondidas por los pobladores de las comunidades, pues René Barrientos mandaba a que se los destroce. Y así, los dictadores de turno se encargaron de desaparecer el trazo del nortepotosino. En 1975, en plena dictadura de Hugo Banzer, él estaba exiliado en Lima y ahí murió.
Los últimos años, su familia recuperó sus piezas. Hoy, el representante de Alandia Pantoja es su sobrino, Gustavo Viscarra, que se encargó de dar el material para la exposición que empezará el viernes en el Museo Tambo Quirquincho (plaza Alonso de Mendoza esquina calle Evaristo Valle).
El secretario Mayor de Culturas, Andrés Zaratti, informó que la muestra compensa una deuda histórica que se tenía con uno de los más grandes maestros en las artes plásticas.
“Hace muchos años se ha venido trabajando para recuperar primero, un poco, la memoria sobre su aporte, pero también en relación a buscar, recuperar y visibilizar la obra y el legado que nos ha dejado. Hay que recordar que la visión nuestra no es un tema de recordar a Alandia Pantoja solo por su relación y aporte al ámbito artístico, sino, sobre todo, por su integridad como humano, como actor político, como dirigente del sector cultural y como excombatiente de la Guerra del Chaco”.
Así, el Tambo Quirquincho se convierte en el escenario donde una parte del devenir del país (Guerra del Chaco, Revolución del 52, levantamientos populares) estará a disposición del público… obras que quisieron ser acalladas, pero que sobrevivieron al tiempo y a la dictadura.






