Giovanna Rivero es un referente de la literatura boliviana que radica en Estados Unidos. Esta tarde ofrecerá una charla en Instagram para los amantes de la literatura en el país. «La idea es compartir lo que para mí han sido espacios de libertad y de imaginación en distintas épocas de mi vida, pues quizás esos descubrimientos les puedan servir a otros en estos momentos», refirió a La Razón.
Estas charlas virtuales literarias comenzaron la semana pasada y forman parte de la iniciativa #YoMeQuedoEnCasaLeyendo del Centro Cultural de España.
«Nunca he ocultado que la primera leche materna literaria que bebí fue la de la erróneamente llamada ‘literatura menor’: historietas, cómics, westerns de bolsillo, revistas esotéricas. Todo eso, en fin, dejó una impronta imborrable en lo que sin mucha pretensión llamo mi ‘ética literaria’ y que consiste básicamente en considerar la imaginación como una galaxia heterogénea, ambiciosa, mutante, a veces microscópica como el dichoso virus. En la galaxia de los libros que me han alimentado no hay jerarquías tajantes que subestimen a las estrellas novas, todas mis lecturas han construido mi formación sentimental literaria», explica la narradora nacida en Montero (Sata Cruz) y que en la actualidad es Doctora en Literatura.
Rivero reside en Estados Unidos y, debido a crisis del Coronavirus, últimamente dicta clases on line. Al hablar de sus preferencias literarias, añade: «Hay mundos a los que siempre regreso porque no se agotan, nunca se agotan. Por ejemplo, la novela ‘Hiere, zarza negra’ (1995), de Claude Louis-Combet, es una joya que me abrió la puerta al mundo siniestro del amor nacido en el instinto de la infancia, adentro de ese magma extraño que es el hogar, y que perdura en la adultez. La novela de Louis-Combet comparte la intensidad perturbadora de Margerite Duras, en: ‘El amante’ (1984), otra lectura fundamental que me permitió explorar la técnica y la filosofía del fragmento como estilística potente. Más adelante me acerqué muchísimo al gótico sureño de las escritoras; comencé por Carson McCullers, especialmente por las voces púberes de ‘Frankie y la boda’ (1946), una historia de iniciación y crecimiento que me invitó a experimentar en mi propia escritura».
La cuentista y novelista, quien en 2018 obtuvo el premio nacional Dante Alighieri por su obra de cuentos «Para comerte mejor», también hablará de sus referencias literarias juveniles. «En mi juventud, los cuentos de Cortázar y de García Márquez me hicieron profunda compañía. Cada uno desde sus códigos hendía un tajo en la realidad y escarbaba en lo evidente, en lo cotidiano, hasta trastornarlo. Sin embargo, ya en la infancia, y por accidente (mi abuelo pensaría que esas ediciones breves se trataban de nuevas novelas de pistoleros –los títulos, además, así lo prometían–, de modo que las obtuvo con avidez del sistema de canjes de la revistería adonde él y yo íbamos cada día por medio), leí a Juan Rulfo, su dimensión alternativa de almas en pena y deudas que persisten en el ‘más allá’ me llenaba de un miedo delicioso; supe entonces que el lenguaje literario se elevaba por sobre los dibujos de las historietas y que ahí latía otra cosa, otro sustancia. Quedé deslumbrada y me prometí perseguir ese rastro hasta encontrarlo. En eso ando».
Así, de historietas, westerns a historias más complejas… Rivero hablará de su camino literario. La cita es hoy a las 16.00 en el sitio de Instagram @ccelp.bo






