El director colombiano de cortos Camilo Restrepo lleva al Festival de Cine de San Sebastián su primer largometraje Los Conductos, una obra compleja y experimental sobre la violencia y la marginalidad en su país.
Plagada de elipsis y metáforas, con una estructura temporal confusa, y unas narrativas que no son exactamente fáciles de entender, la cinta recrea la historia de Pinky, un joven trastornado de Medellín que escapa de una violenta secta religiosa con el deseo de vengarse y matar a su líder.
“Me gustaría que las películas fueran muy simples. Pero ataco problemas que son complejos y reducirlos a un solo argumento me parce obviar la complejidad”, explica el realizador.
“¿Cómo podemos entender el porqué de la violencia en Colombia? Es legítimo hacerse esa pregunta respecto a la dificultad de leer la película, pero es que es difícil también entender la realidad”, añade Restrepo, nacido en Medellín en 1975 y residente en París desde 1999.
Su producción, que concursa en la sección de cine experimental, es la historia real de un amigo suyo, al que conoció en 2013 durante la grabación de un cortometraje en una fábrica de camisetas de marcas falsificadas.
Luis Felipe Lozano, alias el Pinky, comenzó a trabajar con él en varios rodajes y, al cabo de un tiempo, le confesó su huida de una secta y sus deseos de venganza. “Quería matar al líder de la secta pensando que era un pequeño mal justificado por un gran bien. Era un dilema moral”, dice.
La cinta fue exitosa en la Berlinale 2020.
(21/09/2020)






