Inaugurada el jueves 8 de julio en la Sala de Cristal del Museo Nacional de Arte (MNA), la muestra contemporánea No estoy loca, soy un cyborg, la mirada y relectura de la artista Serena Vargas ante su experiencia con violencia de todo tipo que ella vivió desde niña.
«Esta obra plantea —en formato de instalación y video— una revisión a los cánones silentes que someten a la mujer en muchos ámbitos. La artista cochabambina de 31 años manifiesta que su obra refleja lo que dejó en su memoria la experiencia vivida con violencia sexual, sicológica y violencia obstétrica», resalta el MNA en un comunicado.
La inauguración fue complementada con una performance de Serena en la que —elevada de una estructura metálica— comenzó a “desplumarse”, es decir que lanzaba plumas que tomaba de un saquillo blanco mientras ella se mantenía en la altura.
«Primero, eran plumas níveas, luego, plumas negras. Paulatinamente, a la par que las plumas eran cada vez más oscuras, ella descendía gracias a los arneses, si acaso esa es la representación de la secuela oscura que deja el vivir agresiones», relata el comunicado.
La obra, disponible en el MNA, ubicado en el pasaje Socabaya, a unos pasos de la plaza Murillo, tiene además un video en el cual se ve cocinando a la artista, manipulando enseres de cocina que fueron intervenidos con clavos y cuchillos. También hay otro video en el que va añadiendo marcas, como cortes, a su desnudez.
«En definitiva, una propuesta honesta pero también controversial, en cuanto a la frontal narración estética que plantea sobre su experiencia violenta», resalta el comunicado del MNA de esta instalación que estará disponible hasta el 5 de agosto.






