La gente ya se prepara para armar sus mesas, llenas de bebida y comida, entra ella la famosa tantawawa. A este acontecimiento, que se enmarca en el Día de Todos los Santos celebrado el 1 de noviembre, se refirió el sociólogo, escritor y antropólogo Edgar Arandia durante el programa streaming de La Razón Radio.
Arandia comenzó con una fundamental distinción sobre la concepción de la muerte en las culturas. «Así como se tiene esa práctica en muchas de las regiones de Bolivia, en el lado occidental la primera vez que un antropólogo (Santiago Monast) dijo que era el día más tenebroso y terrorífico que podía esperar un ser humano al ver estas prácticas. Él jamás entendió el sistema y el vínculo que hay entre los muertos que no tienen la misma concepción que en la religión católica. Cuando llega el cristianismo, se establecen tres categorías: naces, te reproduces, mueres. Después de que te mueres, tienes tres opciones: paraíso, purgatorio o infierno», dijo.
«Esa era la estructura que tenía Monast, pero en el mundo indígena eso no existe, se apela siempre al eterno retorno. No existe la visión líneal, y tampoco es ninguna novedad, en la antigua Grecia se hablaba de ello. Naces, te reproduces, mueres y vuelves a nacer. Es una visión circular», añadió.
Todos Santos, en la cultura boliviana, se fusiona con otra fiesta: «Ayamarka Killa» (el Día de Difuntos). «Son dos fiestas totalmente diferentes. Para la iglesia católica, Todos Santos es una celebración que se hace a los santos católicos. En Europa, los celtas tenían la fiesta del Halloween, un ritual en el que se espera el cambio de estación; mientras nosotros nos acercamos al verano, ellos al invierno. En ese espacio había un intersticio en el que decían que salían los espíritus que no fueron atendidos a espantar a la gente».
Para contrarestar aquella práctica imprudente para la evangelización, la iglesia decidió crear Todos Santos, »que coincide con el Día de Difuntos indígena, de tal manera que se funden las dos prácticas de una manera extraordinaria. Fue también una estrategia del mundo indígena para no perder su sistema de vinculación con la naturaleza. En el mundo indígena un muerto significa también una semilla», comentó.
El tiempo de espera y la cosecha
«Ayer empezó el Jallu Pacha (Tiempo de Lluvias) con fuertes truenos en un momento en el que todavía no debería. Noviembre es un tiempo seco, porque estamos esperando a que vuelvan nuestros muertos, que se conviertan en semillas, y empezar la época de siembra. Esta es la época de la espera».
La gente, contó Arandia, tiene una forma de prepararse para esto y de vivir el tiempo de espera. «Por ejemplo. si en la familia hay un fallecido reciente, minimamente se le debe esperar con un quintal de masitas. Las escaleras, las estrellas, las tantawawas y demás masitas tienen que ver con la vinculación del ser humano, todavía en el mundo de ‘aquí’. Son semillas que se están fortaleciendo, si no hacemos lo de la comida, nuestra cosecha va a ser mala y vamos a tener hambre, habrá escasez. Eso está vinculado con la fiesta de Las Ñatitas que empieza el 8 de noviembre y se prolonga hasta el 21 de diciembre».
La escalera, uno de las comidas que compone la mesa, significa el viaje de los fallecidos. ¨Es para que bajen y vuelvan a subir¨, dice Arandia. ¨La cebolla es una cantimplora, es el agua, y así cada elemento tiene su significado¨. ¨Es un tiempo para recordar lo que le gustaba al muerto, qué comían, qué escuchaban, las historias que compartía con nosotros¨, añadió Rubén Atahuichi, conductor de la radio.
«Hasta los tres años uno tiene que rendir la devoción a los muertos, pero con alegría. Hacer la vigilia. Un día antes, por ejemplo, en Tiwanaku se hace la vigilia y se celebra con música y fiesta», dice Arandia. «La muerte es algo natural, eso nos dice nuestra cultura. Somos parte intrínseca de la naturaleza, nos volveremos una semilla y vamos a integrar el circulo para que la vida continúe».







