Nuredin Jaber toca algunas notas de música tradicional con su «tambo-guitarra», una lira africana conectada a un mástil de guitarra eléctrica con la que quiere romper la marginación de su pueblo, los beja.
Junto a un bajista, un saxofonista, un guitarrista y dos percusionistas, este músico de 47 años ha logrado su sueño de niño: que se conozca la música beja, los pastores nómadas de los áridos relieves en torno al mar Rojo.
En Sudán, los beja (4,5 millones de personas) representan el 10% de la población. Pero también hay comunidades en Eritrea, Etiopía y Egipto.
«Queremos cambiar las cosas, utilizar la música para llamar atención sobre nuestros problemas», dice a AFP Jaber que, con su disco «Beja Power», que sale en junio, quiere «dar voz a los beja».







