“El amor y el odio transitan a veces por el mismo lugar», afirmó la costarricense Valentina Maurel en el Festival de Cine de San Sebastián, donde presentó ‘Tengo sueños eléctricos’, retrato complejo de una familia atravesada por la violencia.
Rodeada de mucha expectación tras su éxito en el Festival de Locarno, la cinta entró a competir en el certamen de la ciudad vasca (norte de España) por el premio a mejor película latinoamericana.
El debut en el largometraje de Maurel cuenta la historia de Eva, una joven de 16 años de padres recién divorciados, que vive a regañadientes con su madre y su pequeña hermana, porque anhela vivir con su padre.
El problema es que el padre tiene arranques violentos y está viviendo una especie de nueva juventud, compartiendo casa con un amigo.
Las relaciones de todos los miembros de la familia son complejas y ambivalentes, como en la vida real, según la directora.
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«Siempre hay como una gran dualidad en los caracteres de los personajes y de las personas, a veces las mejores cualidades de una persona pasan por el mismo lugar que sus peores defectos», señala en entrevista con AFP.
«El amor y el odio transitan a veces por el mismo lugar y a mí me interesa ese lugar extraño, esa frontera porosa que separa esos dos supuestos», afirma.
A Maurel también le atraía el tema de la violencia y de «cómo se pueda manifestar en una familia normal y cómo se reproduce» de generación en generación.
«Yo siento que, si uno habla de la violencia como algo que no nos concierne, que sólo le pertenece a los personajes nefastos y malos, entonces no nos damos cuenta de que en realidad forma parte de la vida cotidiana, forma parte de lo que somos», abunda.
En la cinta, el personaje de Eva, interpretado por Daniela Marín, copia la violencia del padre, pero tiene que decidir si va a continuar por esa senda o cortar con ella.







