Cuatro décadas después de intentar matar al entonces presidente Ronald Reagan, el autor de los disparos, John Hinckley, quiere redimirse con la música.
El artista pasó 34 años internado en un psiquiátrico y ha recuperado su libertad. El 15 de junio, la justicia puso fin a su libertad condicional.
En esa fecha, se enteró que los organizadores de un concierto en Brooklyn habían retirado su nombre de la programación por cuestiones de seguridad.
«Fue una decepción terrible», dice Hinckley, de 67 años, que ya había sufrido la misma suerte en otras ciudades como Chicago, Virginia o Connecticut.
Hinckley aseguró a AFP que es un hombre nuevo al que le gustaría compartir su música con un mundo que entonces lo tildó de «violento e inestable».
«Me conocen a través de toda la negatividad que se fue de mi a lo largo de 41 años, pero ahora soy una persona diferente», dice con su acento sureño.
También puede leer: Aún de luto, Depeche Mode se reencontrará con ‘dolorosos’ fantasmas durante la gira
Terapia musical
El 30 de marzo de 1981, Hinckley disparó contra Reagan y otras tres personas en Washington.
Todos sobrevivieron pero el entonces secretario de prensa del presidente, James Brady, quedó paralítico.
Hinckley aseguró que había disparado para llamar la atención de la actriz Jodie Foster, con la que estaba obsesionado desde que la vio en la película de Martin Scorsese Taxi Driver.
Fue absuelto del intento de magnicidio, pero quedó internado en el hospital St. Elizabeth de Washington donde pasó más de tres décadas.
Su imagen pública quedó atada a lo ocurrido en 1981.
Stephen Sondheim escribió un personaje basado en él para el musical Assassins, y la banda Devo convirtió uno de sus poemas en una canción.
En septiembre de 2016 fue dado de alta del hospital y se fue a vivir con su madre, ahora fallecida, a Williamsburg.
Todos sus movimientos, aparatos electrónicos y su actividad en internet estaban limitados y supervisados.
El pasado verano boreal quedó libre de dicha vigilancia y se dedica pintar, componer canciones y subir sus actuaciones en internet.
En Twitter, tiene más de 50.000 seguidores, y en Spotify cuenta con más de 5.000 descargas mensuales.
Pero el músico autodidacta, que solía dar conciertos en el hospital, quiere tener un contacto más cercano con sus audiencias.
«Quiero que se sientan mejor cuando termina el show que cuando entraron», dice Hinckley.
«Hay gente que me escribe para decirme ‘Escuché tu música y me ayuda a sobrellevar mi día'». «Es una sensación maravillosa», asegura.
John Hinckley dice: ‘lo siento’
Durante años, la Fundación Reagan se opuso a la liberación de Hinckley y sobre todo a que intente «sacar provecho de su infamia».
Hinckley asegura que ha tratado de pedir perdón a dicha Fundación en varias ocasiones.
«Siento lo que hice. No soy la persona que era entonces», cuando estaba «totalmente alienado, deprimido e inestable», asegura.
En este punto, la barrera para sus ambiciones musicales parece ser una cuestión ética.
«No es fácil ver porqué alguien como John Hinckley pueda ser tratado de manera diferente al resto de la gente», dice Paul Appelbaum, profesor de psiquiatría de la Universidad de Columbia.
Las letras de sus canciones de rock acústico con tintes de folk, no dejan espacio a ninguna ambigüedad.
«La libertad está a mi lado/ todo el mundo conoce mi historia», dice en Canto mis canciones. «Verdadero remordimiento es real/ Ha sido la forma en que me siento», canta.
Mientras mantiene la esperanza de cantar en vivo, Hinckley grabó un álbum de vinilo con Asbestos Records, una discográfica de música ska y punk que se publicará a fines de año.
Y asegura que tiene miles de canciones, con influencias que van desde Bob Dylan, Neil Young hasta The Beatles.
Además de celebrar la creciente investigación en salud mental y tratamientos, pide también un control de las armas en el país.
«Hay demasiadas armas en Estados Unidos», y a ellas se deben «los crímenes y la violencia», concluye.







