Para ser titiritero del mundialmente famoso Teatro de Marionetas de Salzburgo se necesita tanto tiempo como para ser médico.
Se tarda años en dominar las marionetas y sus asombrosos movimientos, razón por la cual la obra del teatro austriaco ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
«Es como tocar un instrumento. No puedes pensar de qué cuerda tirar durante el espectáculo», afirma Edouard Funck, titiritero y diseñador de vestuario.
La mayoría de las marionetas tienen al menos 11 hilos para que el titiritero pueda hacer que «se besen, se abracen, se golpeen; lo que queramos».
Algunas marionetas complicadas tienen docenas de hilos, por lo que se necesitan hasta cinco personas para manejarlas, explica este artista de 34 años nacido en Francia.
Sus movimientos son tan sutiles que el público a veces cree que una marioneta ha «movido los labios», dijo Funck; cuando es sólo «la ilusión que se crea en el escenario».
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Largo aprendizaje
El fundador del teatro, el escultor austriaco Anton Aicher, inventó hace un siglo una barra de control especial para manipular las marionetas.
«Como la barra de control es bastante pequeña, podemos hacer que las marionetas interactúen estrechamente», explica Funck.
Los titiriteros fabrican ellos mismos las marionetas, pasan las mañanas diseñándolas, tallándolas y vistiéndolas antes de volver más tarde para actuar.
A pesar del largo aprendizaje, el teatro no tiene problemas para encontrar reclutas, dijo Funck, que de niño soñaba con ser titiritero.
Ilse Laubbichler, de 79 años, que acude al teatro desde su infancia, llevó por primera vez a sus cuatro nietos a ver «Blancanieves».
«Me encantan los personajes, el movimiento de las marionetas: esto es verdadero arte», dijo.
El Teatro de Marionetas de Salzburgo, que ha cautivado a niños y adultos durante un siglo, goza de fama mundial y desde 2016 figura en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.







