Recientemente, la afamada revista Letras Libres publicó un Mapa de la literatura latinoamericana del siglo XXI, que incluye a la obra nacional De kenchas, perdularios y otros malvivientes, que este año cumple una década.
La primera novela conjunta de los hermanos Diego y Álvaro Loayza es parte de la cartografía con 100 libros de 15 países, elaborada por el prestigioso escritor mexicano Federico Guzmán Rubio.
Además del mencionado título, el mapa presenta otras cuatro novelas y cuentos bolivianos.
El lugar del cuerpo (2009), de Rodrigo Hasbún; Norte (2011), de Edmundo Paz Soldán; Ustedes brillan en lo oscuro (2022), de Liliana Colanzi, y Tierra fresca de su tumba (2021), de Giovanna Rivero, son los títulos nacionales seleccionados.
Con motivo de la feliz noticia, los hermanos Loayza visitaron el programa Piedra, Papel y Tinta, de La Razón, para contar algunos pormenores del libro escrito a cuatro manos.
“Esta historia tiene tantos años, cuando en 2001 todos ingenuos se nos ocurría escribir una historia para filmarla, pero como no sabíamos escribir guiones, la hicimos en un relato narrativo”, contó Diego.
El más joven de los Loayza detalló que, para ese trabajo inicial —plasmado en un tráiler en blanco y negro—, contaron con más de 50 amigos.
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Proceso
“Cuando nos enfrentamos a filmar te das cuenta que la diferencia entre escribir y producir es enorme, pero había una historia que nos parecía buena y digna de ser contada”, agregó.
Varios años después, Álvaro vio que era factible transformar el texto en una novela.
Así, el tráiler (que nunca se concretó en una película) sirvió para promocionar el libro De kenchas, perdularios y otros malvivientes, que se publicó en 2013.
“Es una historia que narra la peripecia de Hinocencio Pantoja, un campesino que tiene la gran ilusión de ir a la ciudad a estudiar ciencia. Llega a una La Paz, que quizás es ucrónica más que distópica, en cuya realidad se ha prohibido el licor y todos sus derivados o actividades relacionadas”, contó Álvaro.
En la obra se crea un submundo en el cual el cacho y el singani van de la mano; e “Hinocencio cae en manos de un ‘buscón’ llamado Quirito, quien lo engatusa, pero con quien forma un vínculo. En esa relación conocen una pléyade de personajes con la aspiración de jugar en el campeonato de cacho más importante que existe en la Bolivia de la novela”.
Hinocencio y Quirito, además de toda una “mitología cachero-singanera”, con la aparición de múltiples personajes, son los que le van dando color y carcajadas al quehacer novelístico, resaltaron los escritores.
Pasiones
Consultados sobre los comentarios, en general, que recibieron de la obra en estos 10 años, Álvaro aseguró que “es gracioso, pero tanto de críticos como de amigos hay una versión o lectura similar, en la cual se elogia el dialogo”.
Resaltó que es una novela que “si bien el narrador te sumerge en ese universo, son los protagonistas, a través de diálogo coloquial y en diferentes registros, es uno de los rasgos más distintivos”. Justamente, el propio Federico Guzmán, en la cartografía, señala que De kenchas, perdularios y otros malvivientes expresa mucho la bolivianidad del relato y el lenguaje.
La obra es la primera novela conjunta de los Loayza —quienes son hijos del conocido dirigente bolivarista Guido Loayza— y, como aseguró Diego, se construyó siempre pensando en un lector.
Diego publicó también El monstruo del Choqueyapu (Gente Común) con Mario Piñeyro y Cristian Vidangos; y La isla trasnochada (Plural), bajo el seudónimo de Belisario Flores, junto con Mario Murillo. Por ello, calificó a la escritura colaborativa como un trabajo sumamente grato y estimulante.
Además de la literatura, ambos se dedican a la docencia y, obviamente, heredaron la pasión por el futbol y el Bolívar, además del humor “de muchas corrientes sanguíneas que nos han precedido”.
Diego también es artista plástico. Dijo que, a diferencia de la redacción de libros a varias manos, no compartiría jamás “un lienzo”. Adelantó que en noviembre expondrá sus obras en el Espacio Simón I. Patiño.







