El poeta, músico y docente del Conservatorio Plurinacional de Música Óscar García Guzmán afirmó que el artista fallecido Alfredo Domínguez, de quien poco se conoce acerca de su trayectoria artística, revolucionó la música boliviana contemporánea.
El autodidacta, nacido el 9 de julio de 1938 en Tupiza (Potosí), fue un músico, pintor y poeta excepcional. Proveniente de una familia humilde, desde joven destacó en la música, especialmente en la guitarra, y en las artes plásticas. Perfeccionó sus habilidades en centros culturales de Bolivia y Suiza.
En La Paz, trabajó como dibujante para el periódico La Nación, y su talento lo llevó a Ginebra. Allí, se convirtió en un reconocido grabador y concertista.
Domínguez fusionó su arte plástico con su música y creó obras, como “Vida, Pasión y Muerte de Juan Cutipa” y “Muerte del Indio”. Su música, inspirada en los ritmos y costumbres bolivianas, quedó inmortalizada en discos y películas.
Falleció en 1980, en Ginebra, pero su legado perdura en Bolivia, donde su nombre sigue vivo en instituciones artísticas y culturales.
En Piedra, Papel y Tinta, de La Razón, García consideró que la música que Domínguez compuso a lo largo de su carrera fue una “maravilla”. Propició “esos modos de ataque de la guitarra que no existían antes de Domínguez”.
En términos técnicos, el ataque de un sonido es el punto en el que el sonido comienza y aumenta de volumen hasta su pico. Consiste en el tiempo que el sonido tarda en pasar de cero a su punto máximo de intensidad.
García explicó que, en el mundo, en el occidente, se habla de las grandes conquistas de las grandes conquistas contemporánea, por ejemplo, una serie de “armónicos” que pueden hacerse en distintos instrumentos, como el Oboe o clarinete.
Es decir, de pronto, un instrumento considerado melódico y solista se convierte en un instrumento “multiarmónico”, que puede hacer armonía y un acorde.
“Las flautas triples de los Maya producían ‘multifónicos’ y eso, en occidente, se vuelve una conquista en la música contemporánea, entre los 50 y 60. Hoy por hoy son las grandes técnicas de la música. Eso es lo que hace Domínguez”, explicó.
Contó que las músicas mesoamericanas y prehispánicas tenían una concepción completamente distinta de la polifonía. “Es lo que Domínguez hace como incorporaciones de técnicas que tiene que ver con una heredad que se manifiesta en expresiones artísticas”.
Además, García reconoció que Alfredo Domínguez era un espíritu creativo, un artista completo, que no se preocupa de una especialidad porque entendía el mundo, a través de varias expresiones artísticas, como el dibujo, la poesía, el grabado, el canto, la escritura y la música.
“(Su lógica) era ‘cómo me asombro con mi entorno, con el mundo y cómo lo expreso, cómo le digo al mundo lo que pienso del mundo, de los seres que me rodean, de mi paisaje, de mi gente’”, dijo.
Como docente del Conservatorio, García afirmó que, desde hace pocos años, se está incorporando la obra guitarrística de Domínguez para empapar de su talento a las nuevas generaciones. “No solo es parte del folklore, sino de los grandes aportes a la música contemporánea, como lenguaje”.
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